la encontré en un zaguán

la encontré en un zaguán
de esos que casi no existen
puerta alta
y un pedacito de sombra tras un peldaño
la mujer tejía sentada en el suelo
los ovillos junto a sus piernas
dos agujas bailando en el aire
las manos manchadas
y las manos manchadas de hambre
y el aire trenzado en colores
me paré a su lado
sin mirarnos
tejiendo tiempo
veredas vacías
puertas abandonadas
quise sentarme
inventarle palabras
mostrarle el hambre del tiempo
el aburrimiento de los gorriones
la levedad de sus pasos
me quedé parado
me zambullí en las arrugas de su cara
atravesé los portales de su boca
y seguí caminando

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