Ritual

Me mira. Siempre me está vigilando, lo sé. Ronda sin que pueda verla. Observa todo lo que hago, cada banal movimiento de mis manos, cada palabra imaginada.
Cada noche, en mi cama, cuando la puerta del sueño se abre, su aliento acaricia mi cuello. Entonces los dientes se hunden en mi carne; ella se alimenta de mi alma, poco a poco va secando mi cuerpo, me devora por dentro mientras duermo. Siempre está hambrienta, un vampiro borracho por mi carne.
Nunca la veo, se esconde en cada rincón de la casa. Puedo escuchar como los pies se arrastran por el piso poblado de arañas. Ella evita pisarlas, en cierto modo se parecen.
El aire del cuarto se agita, está cerca; quizás a sólo un paso de mi cuerpo corrupto o apoyada contra la pared más alejada del cuarto. Estoy sentado en el suelo, las piernas cruzadas. semejante a un Buda enfermo. Me mira, lo sé. Me mira mientras piensa cuándo será la hora en que acabe conmigo.
Podría girar la cabeza, mirarla a los ojos, enfrentarla. Pero la imagino vestida de una belleza espantosa.
Quizás debería irme de la casa. Cruzar la puerta. Abandonar las ventanas que clausuran al mundo. Lanzar las llaves lejos
Pero sigo acá. Sentado en el suelo poblado de alimañas, restos de comida, el dulce perfume de la putrefacción que viste la casa y mi cuerpo.
Espero.
Esperamos.
En silencio.

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