El delicado placer de mirar tras las personas

Siempre tuve una cierta predilección hurgar en lo más íntimo de las personas que me rodean.
Descubrirlas poco a poco, adivinarlas tras cada mirada, develarlas tras cada latido de su corazón. Uno puede saber más de las personas si sólo se para frente a ellas y observa, se deja hundir en ellas a través de los ojos, las frases que nos dicen y pueden parecernos absurdas, un revolotear de manos entre nosotros.
Muchos se presentan ante mí como completos extraños, gente a las que uno, pienso, no podría comprender jamas. Pero tras estar junto ellos, en ellos, empiezo a intuir que no son más que el mismo amasijo de ideas y frases metidas de prepo en sus cabezas desde chicos, la misma colección de tejidos tibios, que laten, que se retuercen, que intentan correr cuando me ven con el cuchillo en la mano

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