Dejarse crecer las uñas

Coloco las manos sobre la mesa, los dedos extendidos y aprieto. Quiero atravesar la madera, o que ella invada, bajo la piel, hasta transformarse en carne y devore los huesos. Las manos permanecen allí, atrapadas por los ojos, los dedos extendidos, las uñas brillando en la media luz del cuarto crecen.
Se extienden, trazan líneas, bajan al piso poblado de tierra y pulgas, se arrastran por entre las patas de una silla que extravió el color del tapizado y llegan a la cama. Reptan por las patas y se hunden entre las sábanas. Buscan el cuerpo tibio que espera. Se aferran a los pies, trazan círculos en los pulgares y dibujan un sendero por las piernas. Trepan, se hunden en ellas, tan blancas, tan lívidas; dibujan círculos morados. Besan el pubis tan lejano, invaden ese cuerpo que ya no será puro. Secarán los senos cargados de promesas y anidarán entre los labios abiertos. Dormirán acunando un beso sobre esa boca tan húmeda, tan roja.

No podrías saber, aunque te lo cuente, sobre el camino que mis dedos se ven obligados a transitar. ¿Digo dedos? Digo dedos y manos y uñas. Me digo a mi mismo transitando una diagonal secreta que cruza al cuarto hasta la cama, esa cama donde duerme un cuerpo pálido y desnudo. Digo manos, mis manos, y también digo piel errante. Digo un abrazo, y también digo un enlazarnos de manos, un saborearse a gritos, un hincarse las uñas mugrosas y tatuarnos la noche en los ojos. Y digo que nos enfermaremos durante el tiempo que dure esta vigilia, y mis uñas abrirán el camino a vos.
Y no me vas a creer. Pero no importa. Ya no interesa tu mirar extraviado, sólo la piel abriéndose en diez tajos, diez bocas a las que besar hasta el hastío, hasta que los huesos se sequen. Me vas a decir que no es cierto, que las uñas son sólo uñas. Pero estás ciega, no podés verlo, y no me creerías aunque te lo dijera.

Todo consiste en dejarse crecer las uñas. Es simple. O al menos lo parece. Uno coloca las manos sobre una mesa con los dedos extendidos y observa. Es preferible concentrarse en uno de los dedos, no hace falta más, el resto hará las cosas por sí solo. Hay que observar un dedo, o mejor dicho una uña. Olvidarse de la mano, de la mesa, del cuarto. Desde ahora para tus ojos sólo existe ese dedo, esa uña. Al principio parece no ocurrir nada, pero a los pocos minutos algo cosquillea allí, justo abajo. Es una sensación nueva, como de gusanos retorciéndose bajo la piel. Después, en realidad no podría asegurar cuánto es ese después, algo tira o empuja. Los primeros minutos no se logra ver nada en especial, nada más se sabe de eso que está naciendo de entre la carne y los tendones. Luego, parecen crujir y se estiran. Crecen, se extienden hasta cruzar la mesa, se retuercen semejantes a zarcillos blancos, rasgan, invaden.

Bajo tu piel las uñas buscan el paraíso.

Invado al desierto pálido de tu piel. Las venas trazan el mapa de un recorrido que sólo a mí me está permitido, persigo senderos rojos, me extravío en las pendientes suaves de tu cuerpo, lo devoro con mis ojos. Bajo la piel se esconde el paraíso, cuerpo rasgado, bocas como tajos gritando en la hora que mueren los relojes. Nos callamos. En las cavernas de tu cuerpo se acuna el silencio. Busco un rincón donde reposen mis manos cansadas de buscar, hartas de la noche tan extensa que nos toma por el cuello. Embriaguez de axilas, grito, abrirte desde los muslos hasta la garganta, buscar bajo la cárcel de tu piel el secreto prometido. No hay noche tan larga que no me permita acabar la tarea, desnudarte de vos hasta descubrir los huesos mudos. El paraíso escondido tras la carne, más allá de vos misma, a través del absurdo de palabras, fragmentos de piel tatuada en rojo. Paisajes borrachos de tanto blanco, de tanta vigilia ciega. Busco más allá de vos, de vos acurrucada entre las sábanas revueltas.


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3 comentarios sobre “Dejarse crecer las uñas

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  1. Estoy casi segura que te dejé un comentario pero no está, es muy extraño.:0
    Me gusta tu escritura, lo haces muy bien. Veo una buena prosa poética muy creativa e interesante. Me gustó muchísimo la metamorfosis de la parte de 6 donde el personaje vislumbra imágenes hiperrealista y va transformandose, muy bueno, abraxos

  2. Hola Mixha,
    Gracias por tu comentario. Tu referencia a la prosa poética puede tener que ver con algo que me dijo hace pocas semanas atrás Marcela Predieri: soy un poeta que no tiene más remedio que escribir narrativa

    El comentario al que te referís seguramente es éste, http://goo.gl/rwmtw

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