Diarios de Guerra 3 (de “La Danza del Cangrejo”)



¿Cuándo dormirán? dice el viejo mientras le señala a Lara la fila de hormigas. Nunca las vi dormir, quizás no descansen nunca y toda su vida sea nada más que ir desde el parque al nido, sin darse cuenta de nada, quizás su existencia se reduzca a fragmentos sin conexión, un rosario de lapsos entre paso y paso y luego la nada; Lara lo mira como si fuera loco, o imbécil, pero el viejo Golachnik sigue con su discurso sin notar la mirada miope que se aferra a él, a sus manos que se movían como queriendo escaparse del cuerpo seco. Golachnik toma una rama y traza círculos sobre la tierra: la fila de hormigas se quiebra, rodean en círculos la rama nerviosa, una ola oscura, y luego, un poco más allá, vuelve a armarse la hilera, una línea perfecta y negra.

¿Viste morir a alguna? Lara alza las cejas en silencio y Golachnik la mira, pero pareciera estar mirando hacia algún punto impreciso a las espaldas de Lara, y no te digo verlas morirse porque le hechas veneno, no así no. Lara alza los hombros y sonríe, una sonrisa sin dientes, dos labios torcidos hacia un lado, una burla. Te digo morirse de verdad, atraparlas en el momento en que una de ellas tambalea, y sus patitas se enrriedan, y ya es difícil que pueda avanzar más; te hablo del momento en que una cae, cae aplastada por una ramita o el tiempo sobre su cuerpo. Lara se hecha hacia atrás, apoya los codos contra la tierra reseca, intenta descubrir otro Golachnik tras la nariz ganchuda y el cuello tan largo cruzado de arrugas, un Golachnik más verdadero que el que le paga por darle de comer perros callejeros a los leones, alguien más real oculto tras esa cara de tortuga anciana. Quizás no se mueran así, quizás dejen de ser ocultándose en un hoyo profundo del hormiguero y nada más dejen de ser; dicen que no saben nada de si mismas, que el verdadero individuo es la colonia. Alza a una tomándola por las antenas, el cuerpo y las patas se retuercen, parece bailar con el ritmo espasmódico de una danza exótica, la acerca a los ojos de Lara hasta que ella puede ser capaz de devorarla con su mirada, la agita entre ambos y al fin la aplasta entre el índice y el pulgar.

¿Lo entiendes? Ella no sabe nada de si misma, como una célula de tu páncreas no sabe nada excepto hacer su trabajo, no sabe nada del páncreas, no sabe nada de ti, Lara. Del mismo modo, la hormiga nada sabe de la colonia. Lo mira como recién llegada de una noche sin sueños, y se encontrara con un mono pequeño y calvo saltando junto a su cama. Golachnik calla, ahora hace girar la rama entre los dedos de la mano derecha y no deja de mirar a la pequeña junto a él; piensa que ella nunca dejará al circo, le sonríe recordando la primera salida de caza, fue en Granada, tres años antes; ¿puedes entenderlo? a veces creo que las hormigas no existen      no     no me mires de ese modo las hormigas son un continuo      como un río manso     van de aquí a allá sin saber razones     sin plantear dudas    ¿sabías que alguna vez alguien dijo algo parecido?      era un ruso creo     o más bien estoy seguro que lo era      uno de esos tipos que cada tanto aparecen y se arrogan la verdad del mundo      decía que las hormigas eran de goma robots de goma decía que eran      no me mires así       no lo digo yo lo decía     un ruso del cual no recuerdo el nombre      él decía que las hormigas eran robots de goma enviados a la superficie de la tierra por una raza de seres subterráneos para espiar a la raza humana    sí      lo sé         es absurdo        te sugiero que esta tarde descanses duermas una siesta     a la noche debemos trabajar

Lara no escucha, piensa en otra nocha de esconderse tras calles mal iluminadas, lazos de cuero y gemidos animales; el viejo se para y pisa un montón de hormigas, algunas no mueren de inmediato y retuercen sus patas y sacuden sus cuerpos mínimos como de goma negra. Ven, la toma de las manos, deberías descanzar niña; la ayuda a ponerse de pie, rodea sus hombros con una mano semejante a una vaca desollada, la mano descansa en Lara, como dormida. Caminan en silencio hasta la puerta de la caravana donde vive. Tras ese ojo cerrado a cuatro llaves descansan los años que Lara abandonó en Catadau. Descansa, niña, esta noche habrá mucho trabajo; Lara no le responde y entra sin ruido. Pushkanov     el ruso de las hormigas se llamaba Pushkanov     pero Lara no puede escucharlo tras la puerta y cuatro llaves

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Un comentario sobre “Diarios de Guerra 3 (de “La Danza del Cangrejo”)

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  1. Hola Daniel, quería avisarte que, nuevamente, me he llevado una de tus bellas fotografías para mi blog.
    Como en aquella otra oportunidad, sólo tienes que avisarme si deseas que la retire.
    Un abrazo y gracias

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