Reflejos

Se mira al espejo, cierra los ojos, busca reconocerse, busca reconocerse en aquel que duerme junto a su madre. Quiere ahogarse en ella, fragancia verde, gira, se retuerce, un tallo joven en el instante de romperse, una gota rueda entre las nervaduras, gira, se detiene, cae, ella abre los ojos dando la bienvenida al agua fresca que quizás la despierte en esa mañana demasiado fría. Un corazón escarchado preguntando, preguntando tras cada mirada, tras cada silencio y a la vuelta de los ojos cerrados de papá. No necesita preguntar más, ella sabe, se asomó al otro lado del espejo semejante a una Alicia insomne incapaz de saberse. Tras la puerta, ocho pasos por el corredor hasta el dormitorio de mamá y papá, quienes son esos dos que duermen ahí, ahora, en esta madrugada cuando el sol del mediodía es un mal recuerdo, quienes son esos dos a los que esta Alicia sin párpados ya no puede llamarlos por sus nombres.

Cerró los ojos a ese mundo sin mediodías. Abrió la boca al grito por saberse vaciada allí en ese cuarto pintado de gritos y carne partida, piedra hediendo a relojes destripados, y las manos duras de callos y sangre cubriendo el cuerpo tan frágil tan blanco tan tenue. La boca era un tajo desdentado donde nacían palabras como animales tibios y revoltosos, palabras que buscaban un sentido, palabras que como promesas para salir de allí. Y las manos preguntaban, escupían senderos sobre la piel bajaron entre negro contra palidez, bajaron esas manos vestidas de su carne quemada y preguntas que no podía responder, y un ardor allí entre las piernas era la promesa del abandono, el reflejo fugaz de aquella a quien nunca habría de abrazar. Y luego la nada.

Abandonarse a los sueños dibujados en el espejo. Intuir los senderos marcados por las gotas deslizándose en su cara, dibujan pliegues, curvas suaves imitando al verde de una melodía que gira en el aire de la tarde. Alicia se descubre hoja y raíz, estallido de savia y sol que la arrastra hacia abajo, hacia las frases que sobrevuelan y abalanzan sobre ella mordiendo el cuello. Respuestas que son miradas a un lado, ojos entrecerrados y todo parece ser demasiado triste, y las palabras caen como las gotas rodando sobre la cara y dientes afilados, que no dicen, que ocultan. Pero el espejo está rasgado en una esquina, la invita a cruzarlo. Grieta como boca sin dientes, lengua dormida gritando golpes, tibieza efímera de una piel no recordada, su boca a la caza de un mundo redondo y suave y limpio que nunca fue suyo y ahora lo sabe. Saber que este no es su mundo.

El tallo se quiebra.

La hoja cae.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑