Catarsis 32

El escritor es una especie de exhibicionista: escribe para mostrarse, pero el lector no debe darse cuenta de ello.
El nivel de exhibición que uno sufre en un blog, éste por ejemplo, es mayor. Uno sabe que lo están mirando; lo miran en tiempo real, puede incluso saber desde donde lo observan. Pero nada puede hacer para detenerlos.
Por suerte los lectores de este blog no me conocen, ni tampoco los conozco a ellos. Con seguridad se desilusionarán de mí: no soy mucho más interesante que las palabras que escribo, y quizás estas lo sean más que yo. Si me escucharan hablar, cara a cara, se darían cuenta que mi vocabulario escrito es por lejos mejor que el hablado; cuando hablo -en especial con desconocidos- suelo tartamudear, repito palabras, y me como algunas eses, a veces me quedo en silencio durante demasiado tiempo porque no se que cosa decir.
Pero un blog, o una red social, te ponen en evidencia. Y no puedo elegir quienes me leerán. Esto me preocupa. Uno teje madejas de palabras, las enhebra de un modo que tenga sentido. Pero todo esto es para nadie en especial, casi cualquiera podría leerlo, incluso aquellos que no deberían.
Es terrible decir esto: uno no debería preocuparse por quien lo lee. ¿Acaso no se escribe para ser leído? Sí, es lógico pensar eso. Escribir para uno mismo, para amontonar papeles dentro de una carpeta que poco a poco se llena de polvo, es una elegante variación del onanismo.
Este texto, por ejemplo, ¿debería poder ser leído por cualquiera o solo por algún elegido? Al lector común no deberían interesarle estas palabras, sin embargo las escribo y las publico. Esto es el placer mórbido de la escritura.
Hace pocos días comentaba que el escritor, al escribir, reconstruye la realidad de tal forma que una parte de ella, la que se narra, sea del gusto del autor. Este texto quizás apunte hacia una zona del mundo que concuerda con lo anterior. No estoy seguro. Pero tengo que seguir escribiendo más allá de quien me lea.

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4 comentarios sobre “Catarsis 32

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  1. Gracias a vos, me pareció que se acompañaban bien pero podría no haberte gustado el texto que tu foto ilustraba.
    Puse el link a La mirada silenciosa.

    Un abrazo y gracias otra vez.

  2. Tienes razón en muchas cosas. A mi se me olvidan muchas palabras cuando estoy cara a cara. Por ejemplo hablando de cosas la mar de triviales. Sin embargo cuando escribo, mi lenguaje se modifica en un 200%100. Uno no lo hace tanto para los demás como para si mismo.
    Tengo que reconocer que debo practicar eso que tú llamas onanismo. Un montón de carpetas llenas folios escritos con mi vieja máquina des escribir así lo atestiguan.
    Un abrazo.

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