Lo vas a hacer

Te vas a asomar por la ventana y la ciudad, allá, tres pisos más abajo se ahoga con el sabor de tu carne. Te vas a asomar, sí, pero la cama es esa cárcel blanda que huele a noches tibias y antibióticos. Mejor quedarse allí mientras te aferrás  a las sábanas limpias mirando el jarrón de colores chillones, y tres flores de plástico, y mirás la ventana y la calle tres pisos más abajo. Pero no, porque la celda que sos vos mismo se rebela y la cama es un regalo demasiado confortable.

El control remoto un dedo más allá de la mano, cambiar de canal, buscarte entre tanta gente, pero desde acá. Querés lanzarte al encuentro de la calle tres pisos más abajo, la calle poblada de putas que correrán hacia vos, te abrazarán, y dejaran que duermas entre sus piernas. Pero no, porque la sangre duerme y la piel es demasiado blanca; allí abajo te patearán, escupirán, serás juguete entre manos caprichosas, vaciarán tu cuerpo vacío; te asomarás a través de la ventana y la ciudad, tres pisos más abajo, continuará su viaje. Te lanzarás, eso creés, al abrazo de otras manos, manos que no son las que cada mañana te acomodan las sondas; abrirás la piel para escaparte, un degollarte para viajar fuera de la cama tibia que huele a antibióticos.

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