Mirna

Un hilo de sangre corre. Atraviesa la ciudad de lado a lado, la abre en canal. El rastro es un tajo tibio e impaciente. Es una puerta sin llave, una vieja demente esperando de pie sobre una silla de plástico. El sendero rojo cruza de norte a sur, en silencio, late, desnuda promesas, asesina palabras. Es un collar de encaje sobre el cuello de una mujer. Se llama Mirna. Es todo lo que se de ella.

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