Catarsis 31

El argentino promedio es un personaje extraño. Hace un tiempo le escuché decir a alguien que un argentino “es un italiano que habla español, se viste como un francés y tiene pretensiones de lord británico”.
Adoptamos actitudes contradictorias, fuertemente contradictorias. Por un lado el argentino se horroriza y rechaza los crímenes de la última dictadura, por otro puede decir en público, y sin sonrojarse, que sería bueno salir a meter bala a todos los delincuentes. Extraño, muy extraño por cierto.
Nos enorgullecemos de ser un país culto, de que Buenos Aires sea “la París Latinoamericana”; sin embargo, en  esa otra París conviven las tiendas de diseño con chicos que duermen en la calle con el cerebro destruido por el paco, y sin que nadie parezca importarle hacer algo por sacarlos de semejante situación.
Es extraño, sí, ver un país dormido sobre la frase hecha de la gran cultura donde los actuantes culturales no tienen espacios masivos donde expresar sus ideas sobre nuestra realidad. Pareciera que gente como Mirtha Legrand, Susana Giménez, o Marcelo Tinelli, son capaces de pensar al país con mayor intensidad que Abelardo Castillo, Pablo Capanna o Guillermo Kuitka. Los primeros son dueños de un lenguaje por momentos retrógrado, pero que se viste con los ropajes de la verdad de perogrullo. ¿Ricardo Fort preocupado por los chaqueños que mueren desnutridos mientras quienes deben resolver el problema miran hacia otro lado?  No me lo creo. ¿Mirtha Legrand perdió el sueño porque la inseguridad a crecido de un modo desmesurado? Desconfío de ella, en especial porque de robos violentos sabe a través de la televisión o de algún diario, pero nunca lo vivieron ella o algún vecino.
Lo sorprendente de esto, es que cada tanto mis oídos padecen con frases del tipo ¿viste lo que dijo Mirtha Legrand de los robos?, o que bien que habló Tinelli por lo que está pasando en Jujuy. Lo que no deja de sorprenderme es que todo esto es repetido en un tono cercano a la deidificación, por mucha gente que con seguridad vive de la limosna estatal, es decir subsidios, y que con seguridad muchos de ellos son lo que dan su voto al gobierno de turno. Pareciera que para el argentino medio, cualquier frase pomposa nacida de entre los labios de cualquiera que tiene una cierta exposición frente a una cámara, es fuente de verdad absoluta. Y, por supuesto, no le es permitido cuestionarla. Adquieren, entonces, poco a poco, un carácter absoluto.
Y aquellos que reniegan de estas situaciones se encuentran al mismo nivel. Salir a refutar a un mediocre es ser tan mediocre como el primero de ellos.
El discurso, casi desde cualquier lado, está nivelado hacia abajo. Cada vez más hacia abajo. Susana Giménez cada tanto nos vomita su intolerancia, en especial si habla de gente pobre o de piel no demasiado clara; y desde la ventana se nos cuela algún héroe democrático que la fustiga con un discurso tan intolerante y reaccionario como el de ella.

Ninguna de las dos posiciones me atrae. Y tampoco lo hacen las justificaciones con las que intentan convencerme: el mundo no se divide en dos. Eso es lo que muchos desean que uno crea.
Prefiero caminar por la más delgada y peligrosa de las líneas, la de mis propias convicciones.

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2 comentarios sobre “Catarsis 31

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  1. Por suerte el mundo no se divide en dos. Por suerte podemos, y creo que somos muchos, los que no creemos ni pensamos a travez de pensamientos ajenos y vacíos. Por suerte, no!

    tu catarsis es casi la que muchos hacemos en fin saludos cordiales

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