aunque pienses que el último tren abandonó la ciudad

Aunque pienses que el último tren abandonó la ciudad o que el tiempo se desplomó sobre tus hombros y se desmayaron los relojes, sé que estás.

Si creés que tus manos lloran sangre, si creés que la ciudad se vistió de cementerios y te escondés tras otros cuerpos, aún estás.

Más allá de tu nombre o de una foto deslucida; se que estás sin importar el callar de las bocas y una pregunta incómoda.

Estás a cinco minutos de distancia atravesando las horas quietas, aunque te pese, aunque la piel grite y los barcos bostecen la lujuria del naufragio; estás tras la noche miope aunque pintes ojos  sobre las veredas.

Aunque me cierres los ojos, aunque me obligues a no mirarte.

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