no te encontraba, le dijo

no te encontraba, le dijo; pero siempre estuve acá, le respondió; estaban ciegos, borrachos de si mismos; él, maldiciendo desplantes que nunca fueron; ella, extraviada en palabras imaginadas; no se miraron, no podían hacerlo; se buscaban, lanzaban sus manos hacia adelante temerosos por entrelazarlas; anhelaban unirse, contagiarse, fundirse, lanzarse, perderse en el discurso mudo de los ojos; se evitaron pero aún buscándose, se callaron, soñaron, equivocaron sus pasos, se alejaron, escondieron su piel en un cajón que oculta muertes; olor a naftalina, las prendas húmedas del deseo que no escapa, y está ahí, arañando los dientes; miedo, miedo de ellos, miedo; una piedra azul y el caparazón muerto del insomnio; juego sin reglas, sin ganadores, a las escondidas con sus sentimientos; dan lástima; los dos

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