Encuentro con un mediocre

Hace poco más de un año tuve la oportunidad de conocer entre narradores y poetas amigos, con pizza y cerveza de por medio, a un escribidor, me lo presentaron como un tal Sergio, o El Uruguayo. Saberlo narrador de Uruguay me hizo pensar en el intenso grupo de los llamados raros uruguayos, un grupo de prosistas aparecidos entre los años `60 y `70 entre quienes están Mario Levrero, Armonía Sommers o Filisberto Hernández; dueños de una narrativa intensa, poderosa, capaz de rozar el universo fantástico y atravesarlo vistiendo los ropajes de un Kafka rioplatense y tanguero.
Por el contrario, me hallé con un tipo que se exhibía ante el resto semejante a un Rimbaud decadente y colérico, extraviado en un siglo que no le pertenecía. Tuve que soportar a un tipo que hablaba como si dictase cátedra a un grupo de infradotados; mostrándose como un genio no reconocido, como el guardián de la verdad definitiva de la literatura. Todos parecían escuchar sus diatribas literarias en contra del establishment literario, mientras reclamaba que su obra fuera reconocida, extasiados; parecían un grupo de monjes medievales prisioneros del éxtasis religioso, y el tal Luis, el sacerdote que oficiaba la misa.
Excepto yo que a los pocos minutos ya estaba harto del tipo y, sin haber leído una sola línea de él, ya estaba convencido del pésimo escritor que con seguridad sería.

Tiempo después, en realidad en la noche del miércoles al jueves última, la escena volvió a repetirse. Mientras Luis -otra vez- dedicaba, entre mordisco a la pizza y trago a la Quilmes Cristal, volver a la carga con otra clase magistral de literatura, yo intentaba leer un ¿cuento? escrito por él. Al llegar al segundo párrafo no sabía como disimular el bostezo que pronto se adueñaría de mi boca. Promediando el relato (de ninguna manera eso era un cuento) pensaba que aquello que tenía frente a mis ojos era una auténtica basura; un simple ejercicio catárquico en el que el narrador (él mismo) contaba una charla con su esposa durante la cena. Lo patético del caso es que los hechos básicos eran reales, esa charla y posterior discusión habían ocurrido en el mundo real. Al llegar al final de la (interminable) página  y algo que duraba eso, pensé que yo también podría haber escrito algo así: a los quince años, en medio de una noche de insomnio y sufriendo un ataque de cólicos. Pensé en que la literatura debe ser belleza, y allí no existía, no por la historia narrada, sino por el modo en ser narrada.
Lenguaje llano, inexistente búsqueda de una forma original de narrar una situación banal, el simple contar de cualquier anécdota dejada caer en una reunión de amigos. Había mucho ahí, de eso no tengo dudas. Excepto literatura.
Fue entonces que comprendí las razones de tanta palabrería vacua, de tanto impostar la figura del escritor culto, aquel a quien siete de cada diez tipos que lo leen no llegan a entenderlo (sic).

Poco después, pagué mi parte y me fui.

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6 comentarios sobre “Encuentro con un mediocre

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  1. esto pasó en serio?
    estas literaturas que no sabe uno si son verdad o no son la maravilla.
    pues te digo que esos tipos así son bien buenos para perder el rato. Ya ves lo que dicen por ahí: las carretas que más suenan son las que van vacías.

  2. Con permiso… transcribo la carta que está circulando en las redes respecto del Sr. SGVH… Mencionado en este post. Para leer y estar advertidos.

    ADVERTENCIA ACERCA DE CÍRCULOS DE EDICIÓN
    Desde el año 2009, aproximadamente -y muy probablemente, desde años antes-, un autodenominado “escritor, antólogo y editor” viene llevando a cabo un sistema de edición cooperativa que no es otra cosa que una estafa. El sujeto se contacta con personas y las invita a publicar un libro o participar de una antología, en forma de “círculo de ahorro”. Ofrece sus servicios de talleres literarios, correcciones, etc. Por ello cobra honorarios, aunque inicialmente dice que su colaboración es gratuita. Por las participaciones en antologías y las promesas de publicaciones, cobra mensualmente cuotas que actualiza a valor dólar y dice que con ese dinero va “congelando” el precio del papel en la editorial para la que colabora.
    Los abajo firmantes nos hemos visto perjudicados -en mayor o menor medida-, hace unos años ya, por esta estafa. Somos escritores del país y del exterior. El sujeto implementó un sistema de cuotas cooperativas en el que cada autor pagaba una suma mensual para el caso del libro propio y, en el caso de las antologías, el supuesto costo de edición y publicación se repartía entre los autores participantes. “Supuesto” porque casi la totalidad de los libros prometidos no vieron la luz (y estamos hablando de unos cuatro o cinco años atrás). Es decir, nos han estafado, nos han cobrado dinero (en algunos casos, mucho) durante años y las publicaciones no se concretaron.
    Las excusas de este sujeto han sido varias, siempre dejando como responsable a la editorial y, en algunos casos, al mismo autor, cuestionando la calidad de los trabajos que él ya había acordado publicar.
    Cada vez que alguno quiso reclamar por su dinero o por cualquier inquietud sobre las publicaciones, esta persona nos ha maltratado, descalificado y hasta humillado delante de nuestros compañeros.
    Cada uno de nosotros ha concretado una carrera literaria (participación en antologías, en lecturas, en congresos, publicaciones de libros propios), exclusivamente por fuera de este proyecto-estafa, y sin ningún tipo de injerencia por parte de este sujeto.
    Fuimos crédulos, confiamos en la palabra de quien -hoy sabemos- ha hecho de la estafa un modus operandi y no hicimos firmar ningún documento, recibo, nada. Confiamos en su “buen nombre” literario y en lo que creíamos una persona de bien. Pero tenemos todo el material escrito de mensajes, propuestas y promesas que nos hizo. Sabemos que continúa engañando a gente, que sigue armando “grupos de autoedición cooperativa”, captando escritores incautos a través de talleres virtuales, páginas de cuentos, etc. Nuestra intención es alertar a las personas que, inocentemente, creen en él y se suman a sus proyectos.
    Invitamos a todos los escritores de experiencia y aquellos entusiastas —dentro y fuera de la Argentina— que se puedan encontrar en busca de práctica literaria, tengan prudencia y cuidado al dejar dinero a cambio de promesas. Usen la cabeza y no hagan pagos adelantados antes de investigar a conciencia y solicitar compromiso firmado y recibos por toda cooperación monetaria.
    Este individuo es un ladrón y un estafador, y como tal, se vale de artimañas para continuar impune y vivir del dinero ajeno en nombre de la literatura.
    Firmantes:
    Patricia Kieffer, Álvaro Ruiz de Mendarozqueta, Esteban Moscarda, Giselle Aronson, Odeen Rocha, Francisco Costantini, Alejandra D’Atri, Angélica Santa Olaya, Claudia Cortalezzi, Paula Jansen, Patricio Chaija, Victoria Fargas, Miguel Ángel Dorelo, Gabriela Baade, Alexandra Jamieson Barreiro, Gilda Manso, Gladis López Riquert, Susana Duré, Nanim Rekacz, Carmen Carrillo, Mario Berardi.

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