Amante nocturno

El amante trepa hasta el balcón, se escabulle en el dormitorio a través de los cortinados como una sombra más oscura que el negro. La mujer aguarda por él. Le sonríe con todo el cuerpo, con sus ojos que huelen a lavanda, le sonríe con su boca blanca como una luna desaforada, con los dientes que se clavan en el cuello del amante.

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