Soy el dueño de mi obra y hago con ella lo que quiero

Desde hace bastante tiempo -¿desde la popularización de las conecciones de banda ancha?- parece haber comenzado una caza de brujas contra todo aquel que comparta material con derechos de autor. Cada día uno puede encontrar información sobre el tema, sesudos debates sobre la propiedad intelectual, noticias sobre leyes cada vez más represivas contra quienes compartan archivos (Francia o Chile), discusiones exacerbadas entre empresas editoras y defensores del intercambio libre, pero los autores parecen estar casi siempre fuera de las discusiones.

Los conceptos actuales sobre derechos de autor se encuentran por completo fuera de tiempo. Ya no es posible detener el constante flujo de información dentro de internet, y quienes han creado empresas que tienen como único objetivo comerciar con el trabajo del artista, no tienen deseos de ser dejados de lado. A la hora de hablar de derechos de autor, es éste el único que puede arrogarse tal propiedad.
Un libro, por ejemplo, como simple objeto es fabricado y comercializado por una empesa editora. Pero el contenido es parte del trabajo intelectual del autor; y el objeto-libro como tal carece de cualquier valor sin su contenido. Aquí es donde comienzan a chocar las distintas visiones del problema.
Supongamos que un escritor X publica la novela Y en la editorial Z. La editoral será quien se atribuya los derechos de comercializar la novela en formato libro, no es descabellado.
Pero, ¿y si X permite que su obra pueda distribuirse libremente en formato electrónico? Bueno, aquí comienzan los problemas. La editorial pondrá el grito en el cielo aduciendo los derechos de propiedad intelectual y X, auténtico dueño de la obra escrita, no tendrá derecho a hacer con ella lo que quiera.

En lo personal he optado por el camino del medio, siempre el más difícil y que nunca deja satisfecho a nadie. Como escritor espero que mi trabajo pueda ser leído por la mayor cantidad de gente posible; pero también espero que nadie lucre con mi trabajo a mis espaldas. Como se que es imposible evitar que cualquier material publicado en internet no sea reutilizado, este blog tiene licencia Creative Commons. Todo aquello que publico aquí puede ser redistribuido de modo libre, pero con ciertas restricciones (ver) que como autor me considero con la libertad de estipular.
Sostengo que es fundamental permitir la libre circulación de información -aunque esto obligue a dejar de lado los conceptos comerciales de hoy- pero también me veo obligado a defender la libertad del autor a decidir que puede hacerse con su obra. Muchos de quienes defienden el hecho de compartir obras sin más, algo que no me parece por completo correcto; estos se basan en el concepto que la información es un bien público -que por supuesto lo es- y que no deberían existir los derechos de autor. Y es en este punto donde discrepo.
Creo que nadie puede venir a decirme que cosa debo hacer con, por ejemplo, un cuento de mi autoría. Escribir es un trabajo, no es simplemente volcar un montón de palabras en un instante de inspiración. Un libro, un CD de musica, o un cuadro, son en cierta forma una parte de sus autores y cada uno de nosotros, lo vuelvo a decir, somos los únicos que podemos decidir que hacer con ellos.

Libre distribución de nuestras obras: sí, pero permitan que nosotros establezcamos el como.
Lucrar con una copia no autorizada de nuestras obras: no, de ninguna manera. Si alguien puede lucrar con una obra, es el propio autor.

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