Work in progress

Nunca tuve apego hacia quienes escriben montados sobre la intencionalidad, o lo que es lo mismo: escribir para decir o demostrar tal o cual cosa.
Descreo de aquel que escribe con la intención de…
Por supuesto todo lo anterior es por completo personal y con seguridad puede no servir para otro. Y esto es así por mi forma de escribir. Lo hago de un modo salvaje. No planifico. Nada más abrir las puertas de mi mente y plantear una situación inicial a partir de la cual la historia crecerá, se alimentará de si misma, y los personajes actuarán en relación a los hechos que vaya descubriendo la misma historia narrada.
La escritura funciona de este modo durante la creación del primer borrador. Luego, las sucesivas correcciones y reescrituras darán forma al texto y revelarán esa segunda historia que nunca se narra pero siempre se encuentra presente. Nunca planifico, siempre opté por dejar que la narración se narre por si misma sin que deba meter mano en ella. Tengo un modo animal de escribir, o como dije hace poco en otro post: lo hago espoleado por la histeria.

Lo anterior fue cierto hasta un mes atrás. Uno nunca puede decidir el modo en que se moverá dentro de algunos años en este mundo. Y hacia fines de noviembre me vi obligado a escribir un cuento de modo intencional. Nadie me obligo, por cierto, la obligación me la impuse a mi mismo luego de leer El Fiord, de Osvaldo Lamborghini.
El cuento de Lamborghini -para quien no sepa nada de él- es un clásico de la resistencia política de los estudiantes universitarios -en especial de la carrera de letras- de la segunda mitad de los años ´60. Hoy el lector se acerca al texto desde otra sensibilidad, y El Fiord ha quedado, cuanto menos, viejo.
Por otra parte descreo de los texto por completo herméticos. Por supuesto que en todo cuento existen dos historias: aquella que puede leerse en las palabras escritas; y la otra, oculta capaz de descubrirse entre líneas. Pero la primera historia, aquella que es narrada no debería ser nunca un enigma, las metáforas deben ser dadas a la segunda historia. Y este, pienso, es el problema de El Fiord: la primera historia, aquella que se narra en palabras es una metáfora en si misma.

Desde hace poco menos de un mes me encuentro trabajando en un cuento que pretende ser una relectura de El Fiord, pero realizada desde mis concepciones literarias y parado en el 2009. En Plan para el asesinato de Cristina Kirchner, tal el título, no pretendo ningún tipo de delicadezas. La historia que narro en el texto es simplemente lo que dicen la palabras, toda posible segunda lectura quedará a cargo de cada lector.
Por supuesto que estas metalecturas existen, como en cualquier texto de ficción, y tuve la intención que fueran lo suficientemente poderosas y ambiguas como para que permitan múltiples lecturas. Por ejemplo, creo que la imagen de Cristina Kirchner disfrazada de Colombina y haciendo malabares con tres naranjas en medio de un sembrado de soja, no solo es fuerte como imagen en si misma, también deja abiertas las puertas de la imaginación de cada lector para que interprete  la situación a su gusto:

Hay un sueño recurrente. Camino por un campo yermo, la tierra es polvo amarillento, una muerte seca que cubre el mundo. En mi mano derecha sostengo algo. No se que es. Quiero levantar la mano y mirar que llevo en ella pero no puedo. Necesito saber que llevo en la mano pero me es imposible mirarlo. Es duro, tibio, parece metálico. Ahora el desierto ya no es más desierto. Es un campo de soja. Camino entre las plantas que ya están a punto para ser cosechadas. Camino durante horas y la plantación parece que no acabará nunca. Camino durante horas pero no estoy cansado. A la derecha, lejos, veo columnas de humo oscuro, pienso en gente furiosa, pienso en gente con miedo; escucho gente gritar, escucho gente cantar sin entender las palabras. Camino. Camino. Camino hasta encontrar a Mirtha Legrand desnuda entre las plantas secas de soja. Camino hasta encontrarme con esa mujer vieja y excitante. Mirtha Legrand está desnuda, recostada en el suelo siendo violada por Néstor Kirchner. Mientras tanto, a su alrededor, una CK vestida de Colombina hace malabares con tres naranjas. Realiza sus juegos en silencio. Mirtha Legrand gime y grita. Siempre me despierto en medio de los alaridos atroces de la anciana. Siempre me despierto gritando yo. Lo primero que veo por la mañana al despertar es la cámara de seguridad del cuarto. Ellos me están mirando. Siempre me miran.

Desde un primer momento jugué con la pornografía como herramienta estética y funcional: es lo suficientemente fuerte como para sacudir nuestros sentidos, y al mismo tiempo es capaz de hablarnos sobre la manipulación política.
Por otra parte el uso de un lenguaje frío, más cercano al de un informe científico que al literario, me permitió poner en evidencia la perversidad de la historia que narro; se trata de un juego de opuestos, contar las situaciones más atroces del modo más impersonal y frío posible. Y este recurso cumple con una segunda función: generar un rechazo mayor en el lector, crear auténtico asco:

Los sujetos fueron treinta y dos mujeres de clase media, profesionales, de entre treinta y cuatro y cuarenta y nueve años. Se proyectó frente a los sujetos una serie de videos con imágenes tomadas de diversos discursos públicos de la presidenta argentina.

  • Un mínimo 6,25% (dos sujetos) experimentaron un incremento de la presión arterial, mientras que el 84,37% (veintisiete sujetos) presentaron una disminución de la misma al tiempo que mostraron reducción de la tonicidad muscular y dilatación extrema de las pupilas durante la visualización de los videos.
  • Un 56,25% (dieciocho sujetos) argumentaron un aumento en la frecuencia de su actividad sexual.
  • El 71,88% (veintitrés sujetos) tuvieron sueños recurrentes asociados a fantasías sadomasoquistas, coprofílicas, de autocomplacencia o bien diferentes combinaciones de ellas.
  • Un extremo 93,75% (treinta sujetos sobre un universo de treinta y dos) identificaron inequívocamente el movimiento labial de Cristina Kirchner con la retracción de los músculos del esfínter posterior al coito anal.

El cuento está terminado y posiblemente lo publique en papel en febrero próximo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Create a website or blog at WordPress.com

Subir ↑