Robando vidas

Hace un tiempo publiqué un post donde citaba a Theodore Sturgeon que a su vez citaba a Isaac Asimov, haciendo referencia a las únicas ficciones posibles: que pasaría si…; si solo…; y como esto siga así…
Al igual que Sturgeon, me interesa la ultima.
Este año fuimos bombardeados desde la TV con las imágenes de archivo -e informes especiales- que nos hablaron de los veinte años de la caída del Muro de Berlín. Por un lado Sartre ya se había decepcionado con la URSS y Cuba, sin por ello dejar de lado sus ideas de izquierda; por otro, los hechos de 1989 tampoco fueron el inicio de un mundo mejor. Ni la izquierda exacerbada de la Unión Soviética, ni el capitalismo descontrolado post perestroika parecen ser soluciones reales para la gente. Y más allá de las consignas ideológicas de boga en tal o cual región, la gente verdadera, aquella que cada día debe ganarse su sueldo trabajando de un modo honesto, sigue de mal en peor.

Por un lado los países que formaron parte de la Europa del Este. El primer síntoma de la disolución de la URSS fue la disolución de algunos países satélite y el estallido de guerras internas como en lo que fue Checoslovaquia o Yugoslavia. Pero también un pueblo que continúa hundido en la miseria y un círculo de nuevos ricos cada día un poco más ricos. Y son estos últimos lo más miserable de la situación: la mayoría ex funcionarios marxistas transformados como por arte de magia en poderosos empresarios que viven rodeados de lujo.
Y la miseria en la que vive el resto. Países como República Checa, Ucrania, Hungría y Rusia, son en la actualidad los principales productores de prostitutas y porno stars para la Unión Europea; la mayoría de ellas menores de edad en sus comienzos. El tráfico de personas desde la ex Europa Oriental hacia el resto de los países de Europa, en especial España y Holanda, es vergonzoso. ¿El origen de ésta situación? Las necesidades insatisfechas de un pueblo lanzado de prepo hacia un mundo donde lo importante es el consumo, pero sin tener siquiera la posibilidad de consumir lo básico. Y los ciudadanos de la Unión Europea, como esperable y horrorosa reacción, volcándose cada vez un poco más hacia la derecha más intolerante.

¿Y en Latinoamérica? Pareciera que estamos siguiendo el camino inverso. Pero los opuestos se asemejan. Países como Argentina, Venezuela, Ecuador y en buena medida Brasil, parecen haberse encandilado con los vidriecitos de colores de una izquierda mentirosa. Una izquierda -curiosa ironía- encabezada por personajes típicos de la gran oligarquía de los años ’30; ¿o acaso no se parecen demasiado el matrimonio Kirchner a los poderosos terratenientes de principios del siglo XX en Argentina?
Estamos viviendo en un país donde el discurso de una falsa izquierda empapa cada acto de gobierno; un gobierno que parece mirar hacia otro lado cuando se muestra en primer plano las necesidades de pueblos enteros, en el interior del país. Un gobierno que parece desear tener control sobre la privacidad de los individuos en nombre de una presencia estatal fuerte, pero por completo ausente en educación, salud, acción social. Un gobierno cuya idea de redistribución de la riqueza es otorgar dádivas; pero dádivas que los más necesitados deberán devolver en trabajos útiles para el gobierno: entiéndase ser parte de los actos proselitistas y políticos.
Estamos presos en un carrusel borracho comandado desde la Casa Rosada: todo aquel que critique será declarado golpista, antidemocrático y traidor a la patria. Caminamos a tientas por un camino marcado de odios, de odios de pobres contra pobres mientras los ricos de turno escapan con los bolsillos llenos. No soy peronista, pero si algo se le debe reconocer a Perón es haber creado a la clase media en Argentina.
Pero sus descendientes políticos parecen impacientes por asesinarla.

La consecuencia última es el desprecio por la vida, propia y ajena. Cuando un pueblo empieza a despojarse de sus sueños, cuando empieza a creer que el futuro son solo los próximos cinco minutos y más allá de eso se encuentra la nada, entonces debo creer que hasta la vida nos robaron. Y si es tan sencillo arrabiatarla, entonces debería creer que ni ella tiene ya valor, y la preocupación de Sturgeon acerca de como si esto siga así… empieza a preocuparme en serio.

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