De la realidad narrada como un cuento

La realidad del mundo que nos toca en suerte vivir parece estar armado al estilo de un decorado teatral en desuso. Las posibilidades del mundo real están contenidas dentro del envase fabricado por políticos, algunos periodistas, y supuestos intelectuales. Por supuesto que esta realidad no me satisface.
en los ’60 Ballard decía que siempre es posible darle la espalda a un universo bastante insípido si uno es capaz de rehacer por lo menos una pequeña parte de él a su imagen y semejanza. Y esta frase resume el sentido de la literatura, ¿por qué debo conformarme con la visión del país que me da, por ejemplo, el Grupo Clarín, si tengo mis propios ojos para verlo? ¿Qué obligación tengo de aceptar la concepción reaccionaria y retrógrada del gobierno nacional?  ¿Debo seguir los pasos de los bobos útiles a cualquier interés amoldando mi mirada de la realidad a la de aquellos que me resulten más simpáticos o correctos políticamente?
Mi respuesta es no a todas las preguntas.

La literatura trabaja sobre varios preceptos al momento de construir la realidad literaria sobre la cual va a asentarse la historia narrada. Uno de estas concepciones, la que siempre me apasionó fue el del que sucedería si… Esta estructura de narración, que dicho sea de paso es una de las favoritas de José Saramago, puede llegar a ser una vuelta de tuerca para mirar la política argentina.
Entiendo que es difícil llevar adelante tal operación: debemos renunciar a casi cualquier preconcepto, olvidarnos de las limitaciones que nos imponen nuestras propias ideas, lanzarnos a navegar el mundo como si fuera un gran cuento. Y los resultados pueden llegar a ser inquietantes.

El 10 de diciembre de 2009 asumirá un nuevo congreso en Argentina. Y la composición del mismo ya es un verdadero dolor de cabeza para el gobierno de Cristina Kirchner.
¿Alguien se puso a pensar en lo absurdo del sistema eleccionario argentino? Con seguridad muy pocos lo hacen, en especial aquellos que refriegan los porcentajes de votación obtenidos por el oficialismo, en especial en las elecciones presidenciales de 2007.
Cuando se llevó adelante la reforma constitucional de 1994, y gracias al Pacto de Olivos -una aberración política sin posibilidad de defensa- se posibilitó, de un modo por completo legal, un dibujo de los porcentajes de los votos recibidos por los candidatos: sólo se computan los votos afirmativos válidos. ¡Qué quiere decir esto? Es simple, quedan fuera del conteo los votos en blanco y los anulados. El resultado es simple: los porcentajes de votos obtenidos son mayores que los votos reales. De esta forma, por ejemplo, Cristina Kirchner obtuvo la presidencia del pais sin recurrir a segunda vuelta, con apenas el 36% del total de votos reales emitidos.
En las elecciones legislativas de junio de 2009 los porcentajes
reales obtenidos por el oficialismo fueron menores aún.
Sin embargo, el pensamiento autoritario de este gobierno les hace decir y actuar como si los números en cuestión se encontraran invertidos.

Y ahora es cuando quiero empezar a pensar a mi país como si fuera un cuento, pensarlo desde el que pasaría si…
Un escritor suele desplazarse hacia los extremos, es el modo más interesante de rasgar el barniz que disfraza al mundo real. Pienso escaparme hacia los extremos, hacia el mundo más horroroso posible. No puedo asegurar que descubra una verdad, pero
de los mundos más horrorosos es de donde se pueden descubrir pequeñas verdades más poderosas que los discursos de los políticos y de los útiles defensores a tiempo completo y sin sueldo.
¿Qué veremos a través de la televisión o hallaremos en Google? Tengo algunas ideas.

Imagino a una Cristina Kirchner enclaustrada en una mansión de El Calafate, más cercana a una cárcel que a una casa. Las medidas de seguridad que tiene la casa son extremas, nada del exterior debería afectar la paz de quienes la habitan. Nada sale ni ingresa a ella sin haber pasado por exámenes, cateos, y revisiones previas. La paz de la señora presidenta no debe ser alterada.
A 2900 km de Buenos Aires la realidad del mundo parece embozada en un barniz de olvido y sopor. Los cortes de calles por parte de trabajadores y agrupaciones de izquierda, que durante el gobierno anterior y los primeros meses del suyo, eran vistos como una reivindicación de los derechos del pueblo argentino, trabajador y peronista, ahora se encuentran prohibidos y varios dirigentes sindicales que no comulgan con la CGT, miembros de ONG’s independientes del gobierno, y periodistas e intelectuales que nunca fueron genuflexos, se encuentran encarcelados, viviendo fuera del país o simplemente muertos.

El resto, la mayoría, se mueve por la vida como en un sueño. Las pocas empresas que funcionan son en realidad enormes corporaciones de amigos o testaferros del los políticos de turno, que en nombre del avance industrial argentino se dedican a explotar a sus empleados con sueldos de hambre y trabajo en negro. Un porcentaje enorme de la gente, en especial en el arco que va de La Rioja hasta Misiones, pasando por Tucumán, Jujuy o Chaco, vive en condiciones infrahumanas, las pestes y el hambre son parte del paisaje cotidiano. Un paisaje devastado por la desertificación del suelo: preciado obsequio de los pools de siembra sojeros, frente a los cuales, y más allá del discurso oficial, nunca se tomaron medidas de control.
Pero las enfermedades son la moneda de cambio de cada día. Dengue, fiebre amarilla, chagas,  gripe porcina, cólera, hepatitis, son parte del la realidad de la mayor parte de los argentinos. Todos conocen a alguien que murió de dengue o de SIDA; pocos recuerdan que cosa es un hospital o un médico.

Mientras tanto algunos, muy pocos, se reúnen en cuartos de ventanas cegadas; tratan de navegar por internet, publicar sus blogs o sus revistas impresas sin que la policía los rastree. Las disposiciones legales que permitieron la unificación del discurso informativo en televisión y radios, a los pocos años se extendió al periodismo impreso y a la actividad individual en internet. Cuando las críticas y las ideas contrarias al gobierno solo tuvieron espacio en el universo de los blogs, éstos también debieron ser controlados. Los que alzaron las banderas del pluralismo, la democracia, y el progresismo, crearon un estado policial.
Encerrada en su cárcel mansión de El Calafate, la familia presidencial vive los días paseando por los jardines, que desde hace algunos meses se extendieron hasta que el glaciar Perito Moreno quedó entre sus límites; jugando interminables partidos de tenis bajo el techo de la cancha climatizada, o viendo los partidos del campeonato de fútbol. Ella parece sumergida en un mundo de caprichos y coqueteos. Cada día llegan diez centollas traídas especialmente de Punta Arenas para la comida. Un matrimonio perfecto, con dos hijos hermosos que los aman -el nene mayor se colocó un cinturón gástrico y va todos los días al gimnasio de la mansión con su personal trainer de  diez mil dólares al mes; la nena tuvo que dejar, a disgusto, sus pasiones en la web: ninguno de sus amigos tiene ya blog o fotoblog, sus familias escaparon a España, Uruguay o Brasil, o bien están muertos gracias al hambre, el dengue o la SIDE.

En pocos meses habrá elecciones legislativas otra vez. Cristina confía en lograr, otra vez, el 97% de las bancas. Néstor no está contento con eso, él quiere todo el congreso para ellos, no comprende que el congreso es la base de un sistema democrático de gobierno, y la democracia se basa en la pluralidad de ideas. “Tener el 100% de las bancas en las dos cámaras del congreso”, le dice Cristina, “sería mal visto por la OEA, la ONU, el Mercosur y todos esos organismos que responden a las sinarquías liberales que responden a intereses pátridas y por completo ajenos al sentir nacional y popular del nuestro gobierno”.
Néstor sonríe y comprende. Y piensa que Cristina le tendría que haber hecho caso, “al congreso hay que borrarlo de un plumazo2 le había dicho, pero ella seguía sin hacerle caso.

“Quizás cuando los nenes crezcan y se hagan cargo del negocio”, piensa, “tengan más en cuenta mis consejos”.


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