Visiones de un náufrago

Extiendo mis manos hacia la nada verde, toco un trozo de aire y no quiero mirar a mis espaldas. El suelo ondula aquí y allá. Miro al césped recién cortado y pienso en el ritmo del océano en noviembre.

Entre mis manos ese trozo de aire al que me aferro toma la forma de un cubo, parece temblar al ritmo del paisaje, se tuerce y gira, gira junto a la flor amarilla que crece a mis pies. Amarillo enfermo como el vestido de un recuerdo abandonado. Tiene seis pétalos, y seis son los lados de mi cubo entre mis manos. Lo dejo escapar, se eleva traslúcido hasta que dejo de verlo.

Me recuesto y el césped me abraza, se cuela entre mis ropas, me toma por asalto. Abro mis brazos y me pienso escapando, como el cubo, transparente y leve. El sol colgado sobre mis ojos me habla en palabras que no comprendo. De  mi b oca abierta no nacen palabras, escapan bestias tibias, con pelos, con dientes, y luego se alejan.

Me siento. Quiero verlas abandonarme. Entonces detienen su carrera y me miran con esos ojos liquidos. Pienso que se burlan de mi. Son tres o cuatro, y una de ellas muerde a la más pequeña en el cuello. Rasgan su carne una a otra. Disfrutan del espectáculo que me obsequian.

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Un comentario sobre “Visiones de un náufrago

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  1. Muy buen fragmento. Me encantan las imágenes poéticas. El césped ondulante como el océano, el sol arriba y a los pies, amarillo. Me gustan las visiones del náufrago. Saludos, Daniel.

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