Desde La Paz, Bolivia

Uno avanza siempre en caída libre. Las cosas se abalanzan sobre nosotros y no podemos evitar que caigan sobre nosotros aunque intentemos esquivarlas. Es como querer bajar una escalera y perder pie. Adelantamos una mano y encontramos a la mujer que transforma nuestra mirada sobre el mundo; adelantamos un pie y nos damos cuenta que esa mujer ya no está cerca nuestro, que es un recuerdo confuso, una fotografía que pudo ser, un nombre susurrado entre el frío.
Damos otro paso, el pie en el vacío, y nos encontramos buscando algo. No sabemos que es, pero seguimos. Caída libre pie tras pie. Sabemos que ella está allí. Que quizás lea estas palabras. Que sabrá que hablo de ella. Que todo lo que nos dijimos no fue todo lo que debíamos (o yo debía) decir. Que la extraño con solo un día de no verla. Que tal vez no volvamos a encontrarnos, o hablarnos, o repetir un beso, o una mano sobre el hombro. Ella sabe que hablo de ella.

Te espero.

Esto no es ficción.

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