Mujer

Te ocultás tras las fachadas de las casas; en los gorriones sobre las ramas de los arces; y las voces que habitan la ciudad. Caminás por las veredas de baldosas sueltas, y salpicás tus piernas con los restos de la última lluvia; los toboganes de la plaza cantan tras tu paso; y un viejo deja de lanzarle pochoclo a las palomas al verte.
Sos todas las ventanas tras las que se ocultan los silencios; sos todas las putas al regresar a la pensión cuando el sol asoma; y sos el tipo que apenas le habla a su esposa por la mañana antes de subir al auto; y sos, también, esa esposa. Sos los susurros de mujeres orando en la iglesia; sos el cura de ojos saltones y rojos tras el velo del confesionario; y sos todas las mentiras y todas las excusas.
Sos la calma de mis siestas; la arrogancia de los políticos; sos cada niño extraviado, una sopa caliente en julio, y sos la paciencia de todos los árboles.
Simplemente sos.

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