Lluvias

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La lluvia no es la misma en todas partes. En Mar del Plata tiene la textura filosa de los cuchillos: gotas lacerantes que caen sobre nuestros rostros marcándonos la piel.
Cae como una cascada molesta. Es una lluvia seca cuando es abundante. A veces se transforma en una llovizna molesta, no cae, permanece suspendida en el aire, y nos hace creer que estamos sumergidos en ella; entonces se adhiere a la piel con la textura del terciopelo.
Algunas arrastran el perfume de la tierra, del asfalto manchado con aceite y nafta; otras, nos traen la voz verde de los tilos.
Nunca llega sola, el viento siempre la acompaña. Sudestada, viento tan filoso como la lluvia; nos quema las orejas y tajea los dedos azules.
Casi siempre se viste con el aroma de los mariscos y la sal, recordándonos el lugar donde nació.

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