Lucha

 

Mira la ciudad desde la ventana del cuarto, tres pisos sobre la calle. El cigarrillo se va consumiendo entre los dedos; el blanco del cigarrillo le mancha los dedos y Mara sólo puede ver los ladrillos rojos del otro lado de la calle.
Una mosca camina sobre la mesa, pasos apurados, tic tic tictic tic, piensa Mara. La mosca ronda la mano que sostiene el cigarrillo. Mara se para, tropezando con sus piernas; el cigarrillo se suicida estoico; y la mosca se lanza al aire junto con Mara. La mosca vuela en círculos. Mara ya no la ve. Se acerca al televisor encendido, sin señal, ruido blanco, y se aferra a la etiqueta roja de whisky sobre él. Toma un trago corto, mientras la mosca golpea contra la pantalla en blanco.
-La ventana está allá -murmura Mara mirando los ladrillos rojos, y toma otro trago- Cerezas… quiero comer cerezas… rojas… jugosas y muy rojas -se sienta en el suelo junto a la mochila tan roja como las cerezas; la mochila donde todavía dormían sus sueños.
Le da una pitada larga al cigarrillo y la mosca todavía golpea contra la pantalla del televisor.

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