Poema ocho

Él espera solo, sentado en la cama;
cuarto en penumbras, mala luz,
las manos húmedas y un gesto nervioso
colgando de su cara.

El abrigo descansando en el perchero,
él no tiene el valor de desnudarse aún, solo allí;
mira al techo; cortinas bajas;
insoportable olor de incienso.

No quiere imaginar el instante próximo
Momento quieto de la espera;

eterno, enorme, hasta que ella venga;
y los relojes devorando tiempo.

Sentado en el borde de la cama;
Piernas que se cruzan, descruzan;
Un hombre vestido de ansiedad
Hasta que la puerta se abre.

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