Creo que intentarás morderme, que buscarás mi carne con tus dientes, que querrás develar mi alma con tus ojos, que correrás tras mi lengua con la tuya.
Pienso que tus manos se hundirán en mi cuerpo, que nuestras salivas se mezclarán en un cóctel dulce, que no preguntarás ningún por qué.
Sueño que me aferrarás de cualquier modo, con manos entrelazadas, con dolores y jadeos.
Imagino nuestros cuerpos, tus senos danzando en la música de nuestro sexo, tus dientes clamando por mis hombros.
Busco a través de mares que se alzan, de piel como dunas movidas por el viento; busco tras océanos que se desploman en mi boca, debajo de la lluvia recién nacida que rueda hasta nuestros pies.
Quiero nombrarte entre mis labios roncos, saciarme de vos, ofrecerme completo y absurdo.
Pienso en la cárcel de tus muslos, en el crujido de tu piel, en el cegado palio de tus pies, en la caverna de tus axilas, en tus bosques secretos, en el delirio de tus pies, y en la impaciencia de tus manos.
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Algunas cosas que haremos
Julio 16, 2008 · 3 comentarios
Categorías: literatura · poesia
Los hábitos de las hormigas
Julio 14, 2008 · 2 comentarios
La hormiga sigue el rastro que marcan sus hermanas. Ciega a todo lo que no sea el rastro, él es su guía y es el sendero mismo. Oleadas de aromas la envuelven, invaden su cuerpo, y ella avanza por y para el camino marcado. Ella desconoce que es esto, no lo vive como aromas; es un empujarse hacia adelante, un repicar de patas tras patas antenas alzadas buscando y buscando el rastro. El sendero marcado por las que la preceden es una promesa de hojas tiernas y aire fragante, y soplo de voces susurradas, tenazas rasgando hierba. Ella no se pregunta (no puede) donde termina el camino; ella no sueña (no puede) con una meta, avanza tras que tras de sus hermanas. Nadie le enseñó el camino, pero sabe. Colinas grises y claros abrasados por la luz que cuelga sobre la colonia. Ella camina repiqueteo de patas replitic tepliquic plitipic y avanza avanza. Cuando el viaje llegue a su fin, ella sabrá.
Categorías: experimentación · literatura · narrativa · poesia
Tiempo
Julio 14, 2008 · 3 comentarios
Tiempo. Gira sobre si mismo. Avanza. Estamos atrapados en un laberinto sin centro, estamos atrapados en su laberinto. Corremos. Extendemos las manos para no caer, pero tropezamos con cada paso. Tropezamos con nuestros recuerdos, nuestros amores, nuestros odios, sonrisas, caricias, miradas de costado. Avanzamos junto a él. Tiempo. No es el río que muchos imaginan. Tiempo. Un entrecruzarse de senderos. Nos apoyamos contra un muro suave y tibio, y nos arrastra, no podemos detenerlo; no podemos detenernos. Tiempo. Cerrar los ojos. Flotar. Dejarse llevar.
Categorías: cuentos · literatura · poesia
Ruinas
Julio 7, 2008 · No hay comentarios
Camina por sobre los escombros que cubren lo que alguna vez fue una ciudad. Trepa por sobre la pila de ladrillos, restos de autos quemados, se aferra a los trozos de hierro que nacen de entre lso restos de mampostería como hierbas, resbala, su mano se ciñe a un resto de pared, trepa, tropieza, resbala, vuelve a ascender, las manos vestidas de cortes y sangre seca, la cima está próxima. Al fin se sienta sobre una pila de maderas invadidas por la humedad y los gusanos.
A sus pies, entre la basura, crecen mechones de pasto, las briznas parecen garras; una mano se cierra alrededor de ellas y las arranca.
-Todavía no es tiempo -la mano se abre y las hojas de hierba roja caen a sus pies.
Alza la mano frente a sus ojos. La acerca. La aprieta contra la nariz. Huele. Se embriaga con el aroma rojo de la hierba retenido entre los dedos cubiertos de crostones. Cierra los ojos hasta ver luces cayendo a la tierra. Luces que huelen piedras, a humedad, y huelen a sueños extraviados y a gritos.
-Todavía no es tiempo -repite- Todavía no.
Abre los ojos y las luces aún caen desde el cielo; entiende que ellas no están escondidas en él, el cielo las deja caer semejantes a presagios absurdos sobre el páramo. Aquello que en algún tiempo fue la ciudad donde él dormía, trabajaba, odiaba, caminaba, comía, amaba, se exhibía como una mujer iracunda y desgastada.
-Todavía no es tiempo.
Se recuesta sobre los restos de basura, los trozos de mampostería se incrustan contra la espalda dolorida, las hojas de hierba a sus pies parecen querer contarle una historia, pero él no puede escucharla.
Categorías: cuentos · literatura · narrativa
Teoría literaria XI - Las figuras retóricas (1º parte)
Junio 30, 2008 · 1 comentario
En la entrega anterior (ver) dejé caer la idea de el uso de las figuras retórica al momento de narrar a un personaje; por supuesto que éste no es el único uso que puede hacerse de las mismas, tanto en poesía como en narrativa.
Si bien el uso de las figuras retóricas dentro de un poema es fundamental para llegar a buen puerto, dentro del campo de la narrativa las mismas logran potenciar al texto.
Las figuras retóricas o figuras literarias consisten en el uso no habitual de las palabras y las formas de construcción sonora, semántica y gramatical, lo que las vuelve en especial expresivas.
Las figuras se dividen en cinco grupos principales; a su vez el quinto grupo se subdivide en otros ocho subgrupos.
En éste post solo listaré cada una de las categorías y que figuras retóricas se encuentran contenidas en las mismas, luego me dedicaré a profundizar en forma individual en cada una de ellas.
Las categorías básicas en las que se ordenan son:
- Figuras de metaplasmo:
Las figuras de metaplasmo consisten en la utilización de formas léxicas que serían, en teoría, incorrectas en la lengua ordinaria. Las más conocidas de estas figuras son las licencias métricas.
Las figuras de metaplasmo son las siguientes: prótesis, epéntesis, parágoge, aféresis, síncopa, apócope, diástole o éctasis, sístole, diéresis, sinéresis, sinalefa, ecthlipsis y metátesis. - Figuras de repetición:
Las figuras de repetición consisten en el uso de elementos lingüísticos (fonemas, sílabas, morfemas, frases, oraciones…) que ya habían sido usados en el mismo texto. La repetición no tiene por qué ser necesariamente exacta, por lo que en muchas ocasiones se dan casos de semejanza.
Las figuras de repetición son las siguientes: aliteración, onomatopeya, homeotéleuton, anáfora, epífora, complexio, geminación, anadiplosis, gradación, epanadiplosis, polisíndeton, annominatio (paronomasia, derivatio, figura etimológica, diáfora, políptoton), traductio, equívoco / antanaclasis, paralelismo (isocolon, parison, correlación), quiasmo y commutatio / retruécano. - Figuras de omisión:
Las figuras de omisión consisten en la supresión de un elemento lingüístico necesario, en teoría, para la construcción del texto. Su uso tiende a aligerar la expresión.
Las figuras de omisión son las siguientes: asíndeton, elipsis, zeugma, silepsis y reticencia / aposiopesis. - Figuras de posición:
Las figuras de posición son aquellos procedimientos que se basan en la alteración del orden normal de las partes de la oración.
Las figuras de posición son las siguientes: hipérbaton, anástrofe, tmesis y synchysis / mixtura verborum. - Figuras de pensamiento:
Las figuras de pensamiento afectan principalmente al significado de las palabras.
A su vez la última categoría (Figuras de pensamiento) se divide en las subcategorías
- Figuras de amplificación:
Aunque la amplificatio, en latín, no es tanto un desarrollo más por extenso de una idea sino más bien su realce (por un uso especial de la entonación, por ejemplo), en la práctica las figuras de amplificación incluyen técnicas de alargamiento de los contenidos de un texto.
Las figuras de amplificación son las siguientes: expolitio, interpretatio, paráfrasis, isodinamia, digresión y epifonema. - Figuras de acumulación:
Las figuras de acumulación son procedimientos que buscan la adición de elementos complementarios a las ideas expuestas.
Las figuras de acumulación son las siguientes: enumeración, distributio, epífrasis y epíteto. - Figuras lógicas:
Las figuras lógicas son procedimientos que tienen que ver con las relaciones lógicas entre las ideas dentro de un texto; de forma especial, se considera la relación de contradicción o antinomia, por lo que la figura lógica por antonomasia es la antítesis. Como variantes de esta, se encuentran la cohabitación, la paradoja y el oxímoron. - Figuras de definición:
Las figuras de definición (y descripción) se utilizan para reflejar lingüísticamente la esencia o apariencia de los temas tratados (personas, objetos, conceptos…).
Las figuras de definición y descripción son las siguientes: definitio, prosopografía, etopeya, pragmatografía, topografía, cronografía y evidentia / demonstratio. - Figuras oblicuas:
Las figuras oblicuas designan de forma indirecta una realidad utilizando las palabras en sentido apropiado. Constituyen la frontera con los tropos.
Las figuras oblicuas son las siguientes: perífrasis / circunloquio, lítotes y preterición. - Figuras de diálogo o patéticas:
Las figuras de diálogo son las propias del estilo directo, pues subrayan el carácter comunicativo del discurso. Se denominan también figuras patéticas pues pretenden incidir afectivamente en el destinatario.
Las figuras de diálogo son las siguientes: apóstrofe / invocación, exclamación, interrogación retórica, optación y deprecación. - Figuras dialécticas:
Las figuras dialécticas o de argumentación son las propias de los debates dialécticos (la disputatio, en latín); se trata de técnicas argumentativas.
Las figuras dialécticas son las siguientes: concessio, correctio, dubitatio, communicatio, conciliatio y distinctio / paradiástole; pueden, además, incluirse aquí las llamadas probationes argumentativas, o pruebas expuestas por el orador para defender su argumentación: simile, argumentum y sententia. - Figuras de ficción:
Las figuras de ficción permiten presentar como reales situaciones imaginarias.
Las figuras de ficción son las siguientes: personificación / prosopopeya, sermocinatio / idolopeya y subiectio / percontatio.
En los próximos voy a dedicarme a detallar, por grupos, cada una de éstas figuras. Por supuesto que siempre deben usarse de un modo coherente, teniendo en cuenta que en la literatura menos es más, y que nunca es bueno el uso de más de dos o tres figuras retóricas sobre una misma página; podrán repetirse, pero nunca hay deberíamos caer en el uso de demasiadas figuras; como es lógico ciertas figuras retóricas serán más adecuadas (potenciarán mejor) un determinado texto que otras. Si bien la anterior afirmación anterior es relativamente cierta, cuales de estas figuras usemos, también estará determinado por el estilo e intenciones que cada escritor tenga; nunca debemos perder de vista que el contexto de la narración es un factor determinante al momento de narrar una historia.
Links:
Teoría literaria I - La realidad literaria
Teoría literaria II - La irrupción de la realidad imaginaria
Teoría literaria III - El hecho fantástico
Teoría literaria IV - El narrador
Teoría literaria V - Nivel de lengua del narrador
Teoría literaria VI - El ritmo narrativo y las conjugaciones verbales
Teoría literaria VII - El foco narrativo
Teoría literaria VIII - El contexto narrativo
Teoría literaria IX - El diálogo
Teoría literaria X - La creación de un personaje
Teoría literaria XI - Las figuras retóricas (1º parte)
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Teoría literaria X - La creación de un personaje
Junio 29, 2008 · No hay comentarios
¿Que busca un lector al leer un texto narrativo?
La respuesta a ésta pregunta es la que nos permite como escritores poder armar un personaje y lograr que éste sea el verdadero protagonista de nuestra historia.
El protagonista no siempre es aquel que vive la mayor parte de las peripecias. Un buen ejemplo es Santiago, en Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa. Si bien es con él con quien comienza la novela, es él quien carga con buena parte de la historia, no es el único personaje a quien le pasan cosas importantes. Incluso ni siquiera aparece o es nombrado durante pasajes muy extensos. Sin embargo, nadie que lea el libro dejará de reconocerlo como su protagonista.
Casi lo mismo podemos decir de Emma Bovary, o el agrimensor K, o el conde Drácula. Todos ellos se reconocen como los protagonistas de la historia que el narrador nos cuenta.
¿Qué relación existe entre las razones por las cuales un lector lee una historia y el descubrimiento por parte del autor de sus personajes? La respuesta es relativamente sencilla: el lector siempre busca enamorarse de los personajes; entonces, el escritor, deberá ser capaz de generar la empatía necesaria entre uno y otro para que los personajes cobren auténtica vida.
El escritor debe tener en claro a cada uno de los personajes de la historia antes de comenzar siquiera a contarla. Una forma de trabajo edecuada para esto es crear fichas de cada personaje en la que consten todos los datos posibles: sexo, edad, características físicas, profesión, historias previas, condición social y económica, y todo (TODO) aquello que el autor crea significativo. Si el escritor es capaz de ver al personaje antes de escribirlo, el lector podrá verlo cuando lo lea.
Por supuesto que en la narración no aparecerán todos los datos que se consignen en las fichas, pero el escritor, al conocerlos, sabrá como actuará, hablará, en suma, se relacionará un personaje con los otros.
El paso de la ficha al texto narrado es lo complejo. Si cualquiera lee en la página uno que Juan es alto, morocho, está casado con María, trabaja en una fábrica de botellas, y esta hastiado de su vida; es muy probable que nos olvidemos de todo ello al llegar a la página tres. Esos datos, expuesto de forma tan directa, nunca quedarán marcados en la cabeza del lector, y el personaje pronto adquirirá la consistencia de una sombra.
El modo más efectivo de narrar un personaje es a través de la perífrasis. La perífrasis es un recurso o figura retórica que consiste, en forma básica, en no narrar de un modo directo, por el contrario, hacerlo a través de un acercamiento oblicuo al texto, rodeándolo, girando a su alrededor para narrar las características del objeto sin nombrarlas nunca directamente.
Tomando el ejemplo anterior de Juan, podemos narrar su hastío diciendo que arrastra los pies, que no se detiene entre los curiosos que rodean al ciclista que acaban de atropellar. O en lugar de decir que pertenece a una clase económica medio baja, poder narrar que cada día va a su trabajo en bicicleta.
Otra figura retórica de buen resultado en el trabajo de construcción de un personaje es la paralipsis, que consiste en enfatizar algo a través de su ausencia. Por ejemplo, podemos resaltar el hastío de Juan contando que nunca se reía de las bromas de sus compañeros de trabajo. Del mismo modo que la perífrasis, la paralipsis nos permite acercarnos al personaje no de forma directa, sino rodeándolo.
De un modo básico, la utilización de figuras retóricas contribuye a narrar a los personajes dotándolos de una sustancia mucho más rica que la simple enumeración de sus características, o la transcripción literal de sus pensamientos y modos de sentir. Si podemos contar cada vivencia, cada pensamiento, cada sentimiento solo a través del modo de actuar, entonces habremos creado un personaje.
Links:
Teoría literaria I - La realidad literaria
Teoría literaria II - La irrupción de la realidad imaginaria
Teoría literaria III - El hecho fantástico
Teoría literaria IV - El narrador
Teoría literaria V - Nivel de lengua del narrador
Teoría literaria VI - El ritmo narrativo y las conjugaciones verbales
Teoría literaria VII - El foco narrativo
Teoría literaria VIII - El contexto narrativo
Teoría literaria IX - El diálogo
Teoría literaria X - La creación de un personaje
Teoría literaria XI - Las figuras retóricas (1º parte)
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Revista El Margen #5
Junio 23, 2008 · No hay comentarios
Casi puedo decir que el involuntario descuido del blog ha llegado -al menos por ahora- a su fin. Estos últimos quince días, o mejor dicho el tiempo libre que tuve estos últimos quince días, lo dediqué a terminar de dar forma a la nueva edición de El Margen, revista literaria que inconscientemente se me ocurrió publicar.
Por suerte el nuevo número ya está en la calle, o mejor dicho en la web. Por supuesto están todos invitados a echarle una hojeada; pueden descargarla desde el blog de la revista revistaelmargen.wordpress.com
Espero comentarios.
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Voyeur
Junio 1, 2008 · No hay comentarios
Las cerraduras siempre me excitaron.
No recuerdo cuando fue la primera vez que mi cabeza bulló al imaginar que había detrás de tal o cual puerta, pero sí me animo a decir que yo era apenas un niño. Tendría unos diez años más o menos. Si estaba de visita en la casa de alguna de mis tías, me las ingeniaba para esfumarme y que todos creyeran que había salido a la calle a jugar; entonces me escabullía a alguna de las habitaciones y me dedicaba a espiar en los armarios. Nunca desacomodé lo que allí había, nada más me conformaba con saber que cosas dormían tras las puertas.
Esa costumbre se extendió, con los años, a las heladeras, los botiquines de baño, y los roperos de las hermanas de mis amigos de la secundaria.
Cuando comencé a trabajar mis objetivos eran los escritorios de los compañeros de oficina; incluso llegué a forzar puertas en las oficinas de la gerencia.
Todo lo que allí encontraba me hablaba más y mejor de las personas con las que me cruzaba. Sus posturas corporales, sus gestos, sus palabras estudiadas eran una farsa constante que habían llegado a fastidiarme. Quería saber de ellas y ellos, deseaba conocerlos de verdad: las breves esquelas garrapateadas con apuro, un número de telefono, una foto vieja perdida dentro de una agenda, un papel oficial cubierto de sellos y firmas, ropa interior cara envuelta para regalo, todo eso me mostraba quienes eran en realidad.
Las cerraduras siempre me excitaron. Espiar a través de ellas es lo más parecido a penetrar sus vidas o a ellos mismos. Quiero verlos a todos desde dentro. Quiero atravesarlos con mi mirada.
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Conocí a una mujer…
Mayo 28, 2008 · No hay comentarios
…que vive encerrada en su departamento desde hace más de diez años. Me contó que ya no tolera tener cerca a otra persona durante mucho tiempo. A veces, levanta apenas la persiana de la ventana del living y mira hacia la calle. Ve pasar a la gente cuatro pisos más abajo; y piensa que nunca podrá charlar con ellos, nunca sabrá sus nombres ni conocerá sus voces. Entonces, cierra los puños hasta que lágrimas rojas ruedan por las palmas.
Ciertas mañanas, me cuenta, se encierra en el baño y se maquilla, aún antes de preparase el desayuno, y viste sus mejores ropas. Pero solo para ella, cada día, cada mañana, cuando despierta, su marido ya ha salido para el trabajo. Ella prefiere cocinar su propia comida; el marido es un gran cocinero, me cuenta, pero ella nunca sabe que cosas que agregó él a la comida. Ella solo sabe de comidas simples, un churrasco a la plancha, y poco más; pero eso le es suficiente. No quiere que su marido le cocine.
Tampoco quiere ver a sus hijos. Desde que se fueron, el único contacto con ellos es por teléfono, me cuenta. Es lo mejor son unos desagradecidos, nunca me quisieron de verdad. Y regresa a la cama siempre mal tendida. Mira el techo, y hacia la ventana de persianas bajas. El cuarto a oscuras. Es mejor así, me dice. Durante horas, durmiendo de a ratos, hasta que el esposo regresa después de las ocho de la noche.
Ya se suicidó tres veces.
Las tres veces fracasó.
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Invierno
Mayo 27, 2008 · No hay comentarios
En la ciudad de Mar del Plata el frío se cuela a través de cada hendija, de cada calle, en cada trozo de piel expuesta. Los marplatenses lo saben, y cuando el almanaque nos dice que mayo llegó a la ciudad se esconden tras puertas y cerrojos, bajo ropa de lana, detrás de persiana bajas y calefactores encendidos.
A los marplatenses no les gusta el frío. Con las primeras lluvias de invierno al ritmo de la sudestada, entran en sopor; las calles son abandonadas; y la ciudad ingresa en un tiempo propio, lento, como si en un instante se hubiera convertido en un fósil.
Luego, en octubre comienzan a asomar sus cabezas y a quejarse del insoportable calor que pronto llegará.
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La siesta descarnada
Mayo 18, 2008 · No hay comentarios
La siesta se abalanza sobre el sábado; recorre las vías vestidas de herrumbre; pasea por la estación de trenes donde el polvo viste los rincones; va calle arriba y colma al pueblo.
Un perro duerme en el zaguán de los Juarez; los árboles ya dejan caer sus voces amarillas sobre las veredas rojas, y el aire las arrastra en círculos. No hay rejas en las casas, y el aire se cuela en ellas por ventiluces y puertas mal cerradas. Don Floreal dormita tras el mostrador del bar, cada tanto abre un ojo y espanta a una mosca. Ella se aleja, camina sobre el mostrador y regresa a Floreal; o quizás sea otra mosca, pero él abre otra vez un ojo y espanta a la mosca.
Un perro ladra, y su voz parece la de mil hombres descarnados por el tiempo; hombres que extraviaron sus días en los campos, levantando la cosecha, cavando zanjas, arreando animales. Las mujeres ya no aguardan por el tren; ahora, la siesta de los sábados parece más calma, olvidada por la bestia que una vez a la semana invadía al pueblo cargada de promesas y noticias.
La siesta de los sábados añora corridas y gritos de niños, transformada en tiempo pétreo entre las galerías de las casas. Los malvones ya no quieren esperar la hora del mate y parecen huir de las macetas hacia otros sueños más felices.
Manolo espera en un banco de la estación. Espera en el andén. Borracho de pueblo y de siesta y de trenes espantados. Embriagando a su único ojo de tardes soleadas de otoño. Se acomoda la boina y prende el cigarrillo que acaba de armar. Un perro escuálido se aleja más allá, al final del andén; y desaparece tras los galpones de chapa y el tanque de agua.
Categorías: cuentos · literatura · narrativa
Encuentro con Américo Álvarez
Mayo 16, 2008 · No hay comentarios
El miércoles pasado, por la noche, pude disfrutar de la compañía de Américo Álvarez, un escribidor de versos -si llegara a referirme a él como poeta, me va a insultar-
Quizás pueda discutirse algunas de sus posturas referidas hacia como debe hacerse poesía; pero nadie va a quedar indiferente ante su pasión y su mirada ante la palabra escrita. Y todo esto sin hablar de su bello sentido del humor. Confieso que fue una experiencia que cualquiera que escriba o tenga pasión por la lectura debe vivir.
Quiero compartir algunos de sus conceptos; el tiempo y la memoria siempre engañan, por lo que, si bien no seré textual, al menos intentaré rescatar el sentido de sus palabras.
Uno no escribe poemas, escribe versos. Se han escrito muy pocos poemas porque hay muy pocos poetas.
Algunos versos -hablándole a un escritor- son bellos, intensos; otros decididamente malos… pero de todas formas creo que aquí hay algo… Y no puedo decirte más, porque la verdad es que no entiendo un carajo de lo que escribís.
La palabra… la palabra; eso es lo importante.
Hay que dejar afuera todo lo que sobra… limpiar el ripio… si digo una piedra, ¿para qué decir que es pesada?… hay que decir una piedra, que el peso de la piedra lo imagine el lector.
Cuando venga alguien y te palmee la espalda y te diga que sos un gran poeta… decile que se vaya a la reputa madre que lo parió.
No se puede vivir en la cima, la cima de la montaña está deshabitada… cuando llegaste a la cima de tu literatura lo único que resta es bajar y comenzar de nuevo… o morirte.
Las cartas mienten, porque la distancia y el tiempo mienten. En las cartas todos te dicen cuanto te aman y cuanto te desean, cuanto anhelan estar otra vez a tu lado… pero todo eso es mentira… Hace algunos años una persona a la que amaba me escribió una carta diciéndome estas cosas, y volvimos a estar juntos… pero a los quince días de convivencia ya estábamos separados de nuevo.
La última carta que escribí en mi vida fue a los quince o dieciséis años… se la escribí a una tía para comunicarle algo que ya no me acuerdo que era… Y ella meta mostrársela a todas las amigas: miren la carta que me mandó mi sobrino, el boludito ese que escribe poesía… dándose corte entre otras viejas de mierda como ella… y después me recrimina que porque le escribí esa carta, era lo menos poético que había leído en su vida… ¿Y que querés que le escriba?; era una carta nomás…
No hay que escribir lo obvio.
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Perlas negras (37)
Mayo 13, 2008 · No hay comentarios

Eugene Ionesco; 1912 - 1994
Si es absolutamente necesario que el arte o el teatro sirvan para algo, será para enseñar a la gente que hay actividades que no sirven para nada y que es indispensable que las haya.
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Rafael Casals Braquè en Rosario
Mayo 11, 2008 · No hay comentarios

El pasado miércoles 7 de mayo, el fundador y Comandante General del FTNR, Rafael Casals Braquè, dio una charla pública sobre Política y arte en el Auditorio de la Universidad de Rosario, Argentina.
A continuación algunos de los pasajes más destacados de la misma:
“Los políticos parecen tener una postura que podríamos definir como esquizofrénica respecto del arte y la cultura en general. Por un lado recitan frente a cualquiera que esté dispuestos a escucharlos, que defenderán y auspiciarán toda clase de expresión artística… en cuanto a las acciones que llevar a cabo, todas parecen contradecirlos…”
“No diré que los políticos son incultos como vulgarmente se puede creer… en todo caso serán aculturales… Los imagino como nadadores en busca de un nuevo record… se desplazan por la superficie, veloces… luego sí, se sumergen… para reaparecer un segundo después quebrando la delgada película de agua que separa el aire que respiramos de los tesoros escondidos en el fondo”
“No puedo culparlos por su desinterés en el arte… al fin de cuentas ellos son una de las tantas partes de las que está armada mi sociedad”
“El mayor problema es la necedad… ya se que es una verdad de perogrullo, pero ella es el enemigo mas poderoso que tiene el artista… como dije antes, no los culpo… los gobernantes son como el reflejo de la sociedad en un espejo deforme… Sarkozy, por ejemplo, es una caricatura de los parisinos que tomaron por asalto las calles de París cuarenta años antes; George Bush el protagonista de una comedia vulgar basada en el Capitán América; y Cristina Fernández la hija no reconocida de Evita…”
“Victoria Ocampo no fue la brillante mujer que muchos creen… los prejuicios de clase le impidieron ser una mujer en el sentido más amplio de la palabra… Por el contrario, Eva Perón fue una auténtica hembra”
“Evita, a pesar de pertenecer al mundo del espectáculo, cargaba con un miedo visceral hacia los
intelectuales… ese miedo se representaba a través de la inquina… Uno de los pocos motores, sino el único, que posee el artista, es la libertad… y Evita no aceptaba la libertad de pensamiento, ni la del espíritu… Una verdadera zoncera, porque ni siquiera ella, con todo su poder político, fue capaz de encauzar nuestras ideas”
“La palabra izquierda funciona como un embrujo entre la gente… ahora cualquiera es de izquierda”
“La nueva izquierda latinoamericana utiliza con demasiada frecuencia la palabra patria… algo que genera en mi, una cordial repugnancia… No es sorprendente que esta izquierda, que en definitiva no son más que un montón de burgueses malcriados, use uno de los conceptos abstractos más caros al sentir de la ideología de derecha. Tanto una posición como la otra parecen estar navegando a la deriva… parecen no tener en claro cual es su meta, y terminan por ser todos una misma cosa”
“Uno de los actuantes artísticos que más me repugnan en Argentina es Daniel Santoro… Ese regodeo de la imaginería peronista, ese intento de sacralización iconográfica del General y Evita, lo transforman en un Warhol subdesarrollado y patético… Un artista verdadero no puede abrazar otra causa ideológica que no sea la propia”
“Y hablando de peronismo… es sorprendente que un gobierno como el actual en Argentina, se diga peronista y al mismo tiempo de izquierda… El peronismo a sido y es una de las concepciones ideológicas de derecha más intolerantes que tuvo éste país… Más cercana a Videla que a la socialdemocracia”
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Fin de fiesta
Mayo 2, 2008 · 1 comentario
La fiesta de disfraces terminó. Todas las máscaras cayeron al suelo. Todos los invitados se fueron. Y yo todavía acá, buscando sin suerte mi rostro.
Categorías: cuentos · literatura · narrativa




