Ya se confirmó la nueva fecha en la que se realizará el festival de cine de Mar del Plata: a partir de éste año será en diciembre.
La edición 2008 será entre el 4 y el 14.
Habrá que esperar…
Ya se confirmó la nueva fecha en la que se realizará el festival de cine de Mar del Plata: a partir de éste año será en diciembre.
La edición 2008 será entre el 4 y el 14.
Habrá que esperar…
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Antes que nada: el cine húngaro no suele ser sencillo de asimilar.
Taxidermia se articula como tres cuentos que cruzan la historia de Hungría desde la entreguerra y la época actual, a través de tres generaciones de una misma familia: abuelo militar en la entreguerra; padre deportista, durante la ocupación rusa de Hungría; y nieto taxidermista, en la actualidad.
Cada una de las tres historias tienen como eje una obsesión diferente, que es la que moviliza cada capítulo de la película: el sexo, la comida, y la muerte.
Pálfi hace uso de una estética exagerada y grotesca; que se desplaza entre el absurdo y la fantasía: la exageración es su recurso preferido; y en Taxidermia todo es exceso, se hable de sexo, de comida (ver foto) o de muerte; ésta última funciona en la película como metáfora de lo eterno.
Pálfi no hace concesiones de ningún tipo, y Taxidermia es un desborde de escenas visualmente fuertes, impactantes, que se regodean en lo escatológico. Permanece en un constante ir y venir entre el humor absurdo, y el asco extremo: Pálfi le hace caso a Cortázar cuando éste dice que un cuento debe ser un cross de derecha a la mandíbula: o bien te gana por knock out; o bien te vas del cine antes que termine la película, y te gana por abandono.
Después de todo esto alguien podrá preguntarse si la película es buena o no. Como film, desde lo estrictamente artístico me animo a decir que sí
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Es una historia en apariencia simple, pero solo en apariencia: Esma (Mirjana Karanovic, Papá está en viaje de negocios, Underground, La vida es un milagro) vive con su hija Sara de doce años (Luna Mijovic) en Grbavica, un barrio de clase media baja en Sarajevo. Dentro de pocas semanas Sara irá de campamento con sus compañeros de escuela, pero el costo del mismo es demasiado oneroso, y Esma hará lo imposible para conseguir el dinero, trabajando en un club nocturno donde conocerá a Pelda (Leon Lucev , otro reconocido actor bosnio, al igual que Mirjana Karanovic), un matón que trabaja en el club.
Sara ha crecido sin conocer a su padre, del cual cree que es un mártir de la guerra, un shahid. Mientras tanto Sara va comprendiendo el mundo en el que le ha tocado vivir, moviéndose entre su descubrimiento del afecto hacia uno de sus compañeros de escuela; el rencor hacia su madre al ver que ésta comienza una relación afectiva con Pelda; y la confesión de Esma, sobre su verdadero nacimiento.
Es una película para que los actores se luzcan; y Luna Mijovic tiene en verdad un debut cinematográfico excepcional: con sólo trece años, cuando filmó la película, se muestra frente a la cámara como una veterana de la actuación.
Grbavica ganó el Oso de Oro en 2006 a la mejor película, y creo que debe haber sido una de las mejores de éste festival; con seguridad dentro de poco tiempo va a estar en los videos: hay que verla.
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Martin Scorsese produjo una serie de siete documentales para el cine, sobre la historia del blues; y Warming by the devil’s fire es el único de ellos que fue realizado por un director afroamericano.
La película se articula a través de la historia de Junior, un chico de once años que llega a su pueblo natal en Mississippi para vivir con uno de sus tíos, pastor evangélico. Pero termina en la casa del hermano de éste, un jugador amante del blues. Junto a su tío, Junior inicia un periplo a través de la historia del blues sureño, narrada a través de viejas películas donde aparecen los principales músicos de blues, muchos famosos y otros no, al menos fuera de Estados Unidos: Willie Dixon, el reverendo Gary Davis, Muddy Waters, Mamie Smith, o Mississippi John Hurt.
Por momentos se vuelve un poco aburrida, pero fue una buena excusa para escuchar buena música y conocer, desde dentro, al blues original.
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¿Los triángulos amorosos son un cliché en el cine? Si, de acuerdo.
¿Las familias disfuncionales son un tema muy visto? Es cierto, todos nos acordamos de Belleza americana.
¿Los psicópatas de las películas, nos hartaron? Por supuesto que sí, pero de todos modos no podemos dejar de ver una película donde haya uno.
¿Entonces por qué habría que ver La belle bête?
Porque dejando de lado el uso de éstos clichés, la película es buena. Y los utiliza de un modo que va más allá del simple lugar común.
Es la historia de una familia -madre, hijo e hija- cuyo padre ha fallecido años atrás, ahogado en un lago cercano a la casa de campo donde viven recluidos del resto del mundo. Mientras la madre y el hijo deficiente mental mantienen una relación incestuosa; en la hermana, Isabelle-Marie, va naciendo el rencor hacia su madre, ya que poco a poco comprende que está enamorada de su hermano.
Pero Isabelle-Marie solo es capaz de relacionarse con los demás a través del dolor y el sufrimiento; es entonces que los lugares comunes son dejados a un lado y la película nos obliga a sumergirnos en una trama densa, morbosa, plena de gozo sádico. La película lleva hasta el extremo una idea que Ballard planteó en Crash: la imposibilidad de relacionarse con el otro sin dejar de dañarlo.
Creo que una sola escena basta para dar una idea de lo oscuro de La belle…: Isabelle-Marie le confiesa a su hermano que lo ama, luego de emborracharlo y quemarle la cara con agua hirviendo.
Recomendable, pero no es para cualquiera.
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Sábado cerca de la medianoche, buen momento para ver un documental sobre el nacimiento del punk hardcore americano.
Un documental bien investigado, -en realidad es una versión filmada del libro homónimo de Steven Blush- buenos reportajes a los protagonistas de la movida hardcore; algunos de ellos ya son unos cuarentones acomodados con un buen pasar económico; incluso uno de ellos es pastor evangelista, y no reniega de haber sido parte de aquella movida post punk.
Uno de los mayores hallazgos del director es haber conseguido los videos de las presentaciones en vivo de los grupos. Las grabaciones son caseras, hechas en súper 8 o con las primeras cámaras VHS.
Lo mejor: las grabaciones que acabo de mencionar, son un auténtico hallazgo; lo bien documentada que está la película; la posibilidad de conocer grupos realmente buenos como Bad Brains, o Black Flags, grupo donde Henry Rollins comenzó a ser un cantante de cierto nombre.
Lo peor: no hay temas completos, apenas fragmentos de todos
Con seguridad va a aparecer en DVD o en algún canal de cable, I-SAT es un buen candidato para exhibirla; véanla con confianza.
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Segundo día de Festival; 13.45 hs.
Y me lanzo a ver una de las joyas de la muestra: el ciclo dedicado a los cortos de Aardman Animations de Inglaterra. Para los que no sepan quienes son, puedo contarles que son los creadores del largo Pollitos en fuga y la serie Wallace y Gromit.
El programa es un recopilación de 16 cortos creados en los estudios Aardman entre 1991 y 2006. Como se pueden imaginar la recopilación es de lo más heterodoxa: desde la increíble Shaun the Sheep - Off the Baa, donde un grupo de ovejas organizan un partido de fútbol con un repollo como pelota, y el perro del granjero como árbitro; pasando por varios spots publicitarios, el de Johnny Walker es excelente; un video clip de las Spice Girls; hasta culminar con un divertidísimo corto de Wallace y Gromit.
En total hay cuatro programas dedicados a Aardam, dentro del ciclo de animación del Festival. Al menos uno hay que ver.
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Borges decía que “solo hay unas pocas metáforas posibles”, refiriéndose a los pocos temas auténticos sobre los cuales es posible narrar una historia.
La venganza es una de esas metáforas. Borges escribió Emma Zunz; y Denis Dercourt filmó La Tourneuse de pages (La que da vuelta las páginas)
La historia gira en torno a Mélanie, una niña apasionada por el piano, que es descalificada en su examen de ingreso al conservatorio por una concertista extremadamente exigente; angustiada, Mélanie abandona sus estudios de música.
Años después, una joven Mélanie (interpretada por Déborah François), logra ingresar a trabajar como niñera en la casa de aquella concertista.
El lento camino que transita Mélanie para llevar a cabo su venganza, por el despecho y dolor con los que ha vivido durante tanto tiempo es de una factura impecable. No hay en la película ningún golpe bajo, el tránsito y la ejecución de la venganza es casi la obra de un artesano.
Nadie grita ni se desborda: la historia discurre en medio de una falsa calma, que logra sumir al espectador en un estado de tensión propio de los mejores thrillers; mientras Mélanie lleva adelante un plan de venganza cruel, metódico, silencioso; rozando por momentos el mas brutal sadismo.
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Junto a Song and Solitude, se exhibió el medio L´Home de Flandres; un documental sobre el back de la película Flandres, de Bruno Dumont; que también forma parte de la grilla del Festival.
La película deja de lado el clásico formato de los clásicos documentales de éste tipo, y se preocupa más por mostrar el trabajo psicológico del director sobre los actores, más que por mostrar como fue hecha la película.
El único entrevistado es el director, salvo por una breve aparición de dos de los protagonistas.
Es interesante y, además, logra su objetivo: que uno se interese por ver la película de Dumont.
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Mi primera película en el Festival de Cine de Mar del Plata.
Por un momento pensé que iba a ser un clavo; pero terminé sorprendido, por la audacia de la propuesta. El film está hecho en video; pero sobre la pantalla, por el tamaño de la imagen, parece estar filmada en súper 8 o en 16 mm.
El concepto es simple: una cámara fija develando primeros planos. Muchos de ellos apenas fuera de foco. Primeros planos de gente leyendo, caminando por la calle, lavando platos; primeros planos de cielos cubiertos de nubes, de hierbas, árboles, y flores mecidos por el viento; imágenes desenfocadas donde el director juega con las luces y las sombras; escenas donde nada -o muy poco- se mueve, cruzadas por sombras y juegos de luces; imágenes oscuras y a contraluz; imágenes reflejadas sobre las vidrieras de los locales de importantes calles comerciales; cuerpos fragmentados: una mano; una espalda; la curva de un pómulo uniéndose con la nariz. Y todo esto en silencio.
En el final -21 minutos, que apenas parecen cinco- una pantalla negra. Y la sensación de haber sido absorbido por ese caleidoscopio de imágenes inconexas, sin un plan aparente: decir que me gustó sonará demasiado pobre. Prefiero decir, que Dorsky me sedujo.
foto: www.mardelplatafilmfest.com
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Hoy empieza el XXII Festival de Cine de Mar del Plata.
Ya tengo las entradas para las dos primeras películas (para el viernes 9): Song and solitude y La tourneuse de pages.
A la primera no le tengo demasiada fe; pero La tourneuse… aparenta ser un thriller francés muy pero muy negro.
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Estamos a cuatro días del inicio del Festival.
Algunas buenas noticias: continúan los ciclos Heterodoxia y Cerca de lo Oscuro; quizás de lo mejorcito del Festival; no sólo por la calidad de las películas sino, también, por lo jugado de su propuesta.
Lo malo: la pobrísima información existente, y la poca publicidad que se le está dando al Festival.
Lo peor: el afiche del Festival. Es una obra del pintor Daniel Santoro. En verdad me resulta inexplicable las razones por la
cual se eligió semejante bazofia; que podrá ser muy bonita como obra pictórica, pero es un atentado a todas las normas básicas sobre las que debe basarse el diseño de un afiche.
A lo mejor lo eligieron (¿a dedo?) por su obsesión por retratar la iconografía peronista en sus cuadros, algo que es cierta forma lo convierte en un Federico Klemm tan mersa como el Klemm original; y además monotemático: Santoro se presenta como un artista comprometido con su ideología y su militancia peronista, y etcétera y etcétera; y entonces lo único que hace es pintar cuadros donde aparecen Perón, Evita, los descamisados, y todos los iconos del movimiento. Alguno podrá salir en su defensa definiéndolo como un peronista de la primera hora que luego de una extensa militancia desde las bases del movimiento, ha llegado a un punto de su vida intelectual y artística, a partir del cual, Daniel Santoro, ha optado por una visión crítica e iconoclasta de la realidad y la historia de la Argentina de los últimos sesenta años; transformando de éste modo, la realidad peronista actual para poder elevarla como a finales de los años cuarenta a la categoría de imaginario sacramental.
Por supuesto todo lo anterior es un chiste, lo mismo que el afiche del Festival. Aunque éste último es un chiste de pésimo gusto.
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