un extraño, un hombre mundano

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El Gubicz

Diciembre 1, 2007 · No hay comentarios

 

Se dice que en las alcantarillas bajo las calles de Budapest, vive el Gubicz.
Los viejos contaban que por las noches, cuando la ciudad duerme, el Gubicz recorre las calles más oscuras de la ciudad buscando mujeres jóvenes. Las esperará oculto en el zaguán de una casa de piedra para luego arrastrarlas hacia su morada. Allí las violará durante el resto de la noche, para luego abandonarlas junto a la puerta de alguna de las iglesias de la ciudad.

Hasta los primeros años del 1900 las mujeres se encerraban en sus casas al caer el sol; luego, la guerra hizo olvidar al Gubicz, convertido en un cuento de viejas para asustar a los niños.
Muchas mujeres en Budapest no creen en el Gubicz, y pasean por la ciudad despreocupadas.
Otras, tienen la esperanza de encontrarlo.
Algunas son afortunadas.

 

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El jabalí Pahk

Mayo 21, 2007 · No hay comentarios

En el este de China habita el jabalí Pahk.
Las primeras referencias a éste animal datan del siglo II antes de Cristo. Aparece en relatos folclóricos;para desaparecer, a comienzos del siglo I, desplazado por el mito del dragón.
Luego, en el siglo VIII d.C., el mito del jabalí Pahk renace de la mano del escritor
Liu Zongyuan (773 - 819); que se vale del mismo, como recurso metafórico de los emperadores de la dinastía Tang.

Todas las referencias que nos han llegado del jabalí Pahk, son versiones de los escritos de Liu Zongyuan. Según Zongyuan, Pahk es tan grande como tres cerdos bien alimentados; su pelaje va desde el marrón arcilla, hasta llegar al negro más oscuro que pueda imaginarse.
Los dientes de Pahk son innumerables, pero pequeños y afilados como navajas; su mandíbula es robusta y tan fuerte como para cercenar la pierna de un hombre fuerte de un solo golpe.
Vive en los bosques de bambú. Durante el día duerme bajo tierra, en hoyos profundos excavados con sus fuertes pata delanteras. Por las noches sale de su madriguera, con el fin de alimentarse de pandas adultos. Zongyuan asegura que la mirada de Pahk paraliza a sus presas, que mueren gracias a una única y rápida mordida en el cuello.

El jabalí Pahk es esquivo, pero aquellos que lograron encontrarse con él, aseguran que el hierro no puede lastimarlo; sólo el hueso es capaz de herirlo de muerte.

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El grillo ishiguta

Enero 3, 2007 · No hay comentarios

Son originarios de Japón; algo más pequeños que el grillo común; su color es negro brillante, semejante al cinabrio pulido; parecen pequeñas gemas.

Habitan los rincones húmedos y oscuros de las casas desde hace siglos: suponemos que serían incapaces de sobrevivir lejos del hombre. Durante la mayor parte del año permanecen sumidos en una especie de sueño, uno creería, si pudiera verlos en ese momento –pero esto es imposible- que están muertos. Hacia finales de la primavera regresan a la vida, a su rutina diaria, al acoso de moscones y lombrices, de ácaros y pequeños roedores. Cazan en grupo, se mueven como un solo cuerpo de formas cambiantes, negro, lustroso.

Es entonces que se aparean, en grupo, formando una masa viscosa, repugnante. Ya comenzado el verano, las larvas se han transformado en replicas diminutas de los adultos. Y caerán en su letargo de diez meses luego de dar cuentas de sus padres.

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Vidas mínimas

Diciembre 20, 2006 · No hay comentarios

Son pequeños. No conocen el sentido de la vista; pero saben unos de otro a su modo. Piensan. Sus pensamientos estás formados por la materia de los sueños; sin embargo desconocen que es dormir. Su existencia es una inmensa vigilia. Ellos creen vivir un millón de años, pero su vida es solo un instante para nosotros.

Se mueven sin aparente sentido. Son traslúcidos. Blandos. Se extienden hacia un lado y otro; parecen buscar algo. Rara vez se encuentran; pero la proximidad de otro como ellos, logra que aquellos filamentos grises que nadan en el saco de su cuerpo, se retuerzan y enrollen como cabos agitados por el viento. Estos son sus pensamientos; un agitarse de fluidos, un palpitar de membranas suaves; un caudal de moléculas recombinándose una y otra vez.

Se dividen. Se multiplican. Dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos. No se diferencian uno del otro. Son pequeños. No podemos verlos. Somos afortunados.

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El hababa

Agosto 28, 2006 · No hay comentarios

El hababa habita la zona montañosa del norte de Irán. Tiene el aspecto de un ovejero alemán, un poco más pequeño que éste, pero notoriamente más rechoncho. El pelaje corto, color marrón terroso con manchas oscuras le permite mimetizarse a la perfección con el entorno.

De hábitos nocturnos, se alimenta de la sangre que toma de animales muchos más grandes que él. Los campesinos del lugar le temen, considerándolo un habitante del submundo emparentado con los espíritus que moran bajo la tierra.

Lograr ver a un hababa es difícil, muy pocos lo lograron; y éstos pocos sucumbieron a la demencia. Caen en un letargo semejante a la catalepsia, del cual solo despiertan para farfullar frases inconexas, en medio de espasmos violentos; luego regresan a su estado de falsa muerte.

Las víctimas del hababa permanecen en éste ir y regresar del sueño a la vigilia durante años; mientras tanto ellos mismos van adquiriendo el aspecto oscuro del hababa.

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