El imaginario mundo del Dr. Parnassus

Por un lado, toda película de Terry Gillam es un acontecimiento visual que no puede dejarse de lado. Por el otro, no hice más que leer críticas destructivas de ella.
Por supuesto que la única alternativa que tenía fue pagar los $20 de la entrada en uno de los cines Del Paseo  (cuatro salas horribles) y ver con mis propios ojos que tan buena o mala es el último título de Gillam.

Todavía no habían terminado de pasar los títulos del final y el primer pensamiento que comenzó a hostigarme era algo así como, los críticos de cine no saben nada de cine, no saben nada de la estética de Terry Gillam, no saben nada de estructura narrativa, simplemente no saben.
La primera referencia que me vino a la mente mientras transcurría la película, en especial cuando alguien ingresaba e ese otro mundo tras el espejo -primera referencia literaria- fueron los decorados de El gabinete del Dr. Caligari; incluso el título original, El Imaginarium del Dr. Parnassus, tiene ecos de esa joya del expresionismo alemán. Para mi sorpresa ningún crítico notó esa coincidencia fílmica.
Pero la referencia a Lewis Carrol no es la única literaria. El mundo al que se accede a través del
Imaginarium, un espejo mágico que transporta a quien lo atraviese a una segunda realidad donde aquel que se aventure puede encontrarse con sus propios sueños, y elegir una nueva vida; un mundo alternativo donde los senderos a seguir se bifurcan constantemente entre dos elecciones posibles -una siempre errónea- un mundo que se divide una y otra vez hasta el infinito, un universo cerrado y laberíntico. ¿Cómo puede ser que nadie haya sido capaz de ver estos ecos borgeanos tan evidentes? Bueno, no encontré a nadie que lo haya notado.

Y  a todo lo anterior debo sumarle que no encontré una reseña de la historia que tuviera algo que ver con lo que Gillam cuenta. Todos hablan del trato entre el Doctor Parnassus y el diablo y de la historia de amor entre la hija de Parnassus y un extraño a quien rescatan de morir ahorcado. Aceptado esto es solo la anécdota, pero mal contada. Arrancaré de cero con la historia que nos cuenta Gillam, algo diferente a la que vieron los críticos.
El Doctor Parnassus es un monje (¿budista?) cuya misión es sostener el
mundo real, a través de la narración constante y colectiva de historias; si estas historias dejaran de narrarse el universo desaparecería. Tentado por el diablo, un dandy y jugador empedernido, acepta un trato: tendrá el privilegio de la inmortalidad (otra vez Borges) pero a cambio de algo: cualquier hijo que tenga será propiedad del diablo cuando cumpla 16 años. Y el Doctor Parnassus, por supuesto, no desea sacrificar a su hija.
Si existe una historia de amor en la película, es aquel que existe entre padre e hija. El otro, el puramente sexual, es un relleno dentro de la trama, una historia paralela a la principal.
Por supuesto que no seguiré contando nada más de la historia narrada, aquel que le interese puede verla. Por el contrario pienso sacar a la luz aquellos logros que, los que criticaron la película, no supieron ver.

Primero. Nadie supo ver en la estética bizarra y surrealista de Gillam. Si alguno de los tantos críticos hubiera buceado, de verdad, en la obra anterior de Gillam, se habría encontrado cuan coherentes son los mundos que nos cuenta desde la estética que siempre le imprimió a sus animaciones desde la época de Monty Python, y algunas de sus películas como Los bandidos del tiempo, o El sentido de la vida.

Segundo. El imaginario mundo… es, desde lo visual, una recopilación de buena parte de la obra de Gillam, desde Monty Python Flying Circus, hasta ciertos pasajes de Brazil o 12 Monos. Alguien acusó a Gillam de utilizar efectos especiales muy evidentes -como si esto hace que una película sea mejor o peor-, si conocieran la estética del autor se darían cuenta que la misma es por comleto coherente con su estilo. Como ejemplo les dejo una de las cientos de animaciones creadas por Gillam para el programa de Monty Python; más un corto independiente.


Tercero. Hay una norma básica para narrar una historia, si la misma es simple -y esta lo es- hay que hacerlo del modo más espectacular y pirotécnico posible para atrapar la atención de quien es testigo de la historia.

Cuarto y último. La película es buena, lo malo son los críticos.



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