Rincones

Un rincón extraviado de la casa es capaz de guardar tesoros increíbles. Una carta olvidada hace demasiados años, o un lápiz azul con la parte de atrás mordida.
Un rincón no es necesariamente eso; no por fuerza debe ser el ángulo entre dos paredes, puede ser esa caja de cartón, donde aún puede leerse Cerealitas, guardada en el entretecho de la cochera, y donde hemos ido guardando papeles viejos que creímos nunca volveríamos a usar, o el lápiz azul, un cadena de fantasía rota ya gris por los años. Alguien encuentra, sin buscarlo, un cuaderno de tapas que alguna vez han sido cartón, y ahora una cosa blanda y de esquinas curvadas, entre las tapas una letra apretada, infantil, que ya no puede reconocer como propia, le habla de alguien; no lo nombra porque se supone que sabe quien es, pero ella no logra descubrirlo. Se llamaba Sergio. Pero ahora, releyendo sus palabras, Sergio es solo un nombre; no tiene cara, voz, o besos con gusto a chicle.
Olvidado, tras un mueble que nadie movió desde hace mucho tiempo, todavía duerme un boleto de colectivo, un montón de pelusa, una araña diminuta. Viejos cassetes que ya nadie escuchará. Una caja de zapatos en la parte alta del placard llena de fotos; pequeñas, grandes, en color y blanco y negro, fotos antiguas de bordes decorados, dos mujeres sentadas bajo una parra, chicos en la playa jugando con una pelota de colores tan grande como ellos, un muchacho de jopo y campera de cuero sobre una Triumph, vacaciones en familia en La Falda; ella y él abrazados, ella con colitas y los senos disimulados tras la camisa del colegio, él sonriente y con acné.
Boletos capicúas, un trébol de cuatro hojas, un clavo cubierto de óxido, una máquina de escribir que ya nadie usa, el bozal que que se perdió el año pasado, un radiograbador al que le faltan un par de botones, un carrete de hilo sin hilo, una línea de pesca enredada con un par de anzuelos oxidados, la caña de pescar quebrada cerca del extremo, una libreta en la que aún viven poemas olvidados, aquella carta que nunca te atreviste a enviar, siete botones de colores vivos, una cospel de ENTel, un alfiler de gancho, un destornillador, una patineta de plástico verde, un par de zapatos negros con la suela despegada. Estas son algunas de las cosas que construyen su historia

  1. Junio 17, 2009 a las 12:22 am | #1

    Los rincones suelen ser solidarios entre sí. Lo que no se encuentra en un rincón, está en otro. Saludos, Daniel.

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