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Archivo para Septiembre 2008

Stress

Septiembre 27, 2008 Daniel Battiston 6 comentarios

Como todos los sábados a la tarde te vas a la fuente de la peatonal. Te quedás sentado en el borde de granito marrón y mirás a las floggeritas vestidas con remeras blancas y negras, y pantalones fucsias que les marcan los culitos que tanto te gustan. Cada tanto el agua que cae desde la torta te salpica la espalda pero no te das cuenta, tus ojos se extravían en piernas y pequeños pechos que asoman por los escotes; y un tipo disfrazado de Gardel ladra un tango a tres metros tuyo. Música de viejos chotos y el tipo junta monedas en el sombrero de fieltro y tus bolsillos siguen vacíos. Más allá tres pibes repean como si el resto de la peatonal fuera un sueño.

Mirás para un lado y para el otro. Nadie cerca. Todos conchetitos berretas. Berretas que la juegan de conchetos. Acá no hay nada para vos. Enfilás para la costa visitanto cada teléfono que aparece en el camino. Dos dedos en los monederos. Vacío. Vacío. Acá hay algo. Vacío. Vacío. Vacío. Una de veinticinco. Y cuando llegás al Bristol tenés dos con treinta y cinco en un bolsillo del vaquero.

Volvés hasta la puerta del bingo. Sabés que estás de suerte. Buscás un banco, un lugar libre, cerca de nadie, de espaldas al bingo. El gorra de la puerta ya te conoce. Sabés que no te va a alcanzar cuando corras y te metas en la Sao.
Sos paciente, ya va a llegar la que te sirva. Esa vieja no. Aquellos dos son muy pendejos; conchetitos pero pendejos. La piba que va con el cochecito de bebé tampoco; nunca te gustó meterte con ellas. La vieja chota con los anteojos como los de la Mirtha Legrand. Esa sí. Esa es buena. Camina para el banco medio como arrastrando los pies. Agarra demasiado fuerte la cartera, pegada a las carnes que se escapan de entre la remera apretada. Cuando le pegués el empujón la va a soltar. Siempe es lo mismo. Anda caminando con la cabeza tirada para atrás, seguro que no te va a mirar directo, apenas te va a ojear de costado como para medirte. Y vos va a estar mirando al piso o para otro lado, como si la vieja no te importara. Y la vieja va a pasar a medio metro de tus piernas, y cuando se aleje dos tres cinco pasos te vas a parar y de dos zancadas la alcanzás, la pecheás y de un golpe seco la cartera se queda entre tus manos.

La vieja esta de rodillas. Grita con una voz como bisagra oxidada. Y vos pegás la vuelta. Saltás por el cantero y enfilás para la puerta de la Sao. El yuto no sabe si correrte o ayudar a la vieja. Un tipo te manotea y el yuto va para donde está la vieja. Esquivás al tipo pero es ágil, te vuelve a agarrar de un brazo. Y vos con tu cuerpecito de nene de doce años, pero tenés dieciséis, te retorcés sin largar la cartera y llegás hasta la puerta de la Sao.
Corrés zigzaguendo entre la gente que colma el pasillo angosto, empujás con los codos y alguno se resbala. Corrés y pecheás y corrés. Hasta que tomás por el pasillo que va para la Santa Fe. Y dejás de correr. La cartera está bien guardada en el bolsillo del canguro. Caminás sin mirar a tu espalda. Salís a la calle. Caminás tranquilo. Santa Fe. Vas como paseando. Rivadavia. Ni mirás vidrieras ni a nadie. Hasta la costa. Cada tanto marcás a alguna pendejita. Y por fin la rambla del casino.

En el bolsillo del canguro, apretado entre tus manos, late un manojo de promesas.

Viajando se conoce gente

Septiembre 23, 2008 Daniel Battiston 5 comentarios

En poco menos de un mes salgo de viaje por quince días a Bolivia.
Hasta hace poco más de una semana tenía por seguro suspender todo, pero al fin me decidí hacerlo. Estaré recorriendo Uyuni, La Paz y Copacabana, sobre el lago Titicaca. La idea es mezclarme con la gente, viajar de croto mochila al hombro, en trenes y ómnibus, parando en hostels, conociendo a la gente del lugar y las historias que me cuenten.

Algunos detalles los volcaré aquí, pero al viaje lo narraré en otro blog: Ruta Cero

En el laberinto

Septiembre 14, 2008 Daniel Battiston Deja un comentario

Relojes muertos en tu mente
desgarran el sabor ocre de la tierra
culebras reptan por las piernas
sacuden la memoria
olvidos ásperos de piedras en las manos
danza de dedos ciegos
vuelo de cuarzo y grafito
precario equilibrio
piernas y miradas junto al vacío
precipicio
paisajes que saben a lodo y a verde
pudredumbre de tiempo tras los ojos
pájaros caen como lluvia rancia
el fin no acaba
círculos tras círculos
carrusel borracho
en busca de la sortija de oro
dedos reptando el aire
Y vos
minotauro babeante
alzás un pie
y luego otro
danza muda
y este laberinto que no cesa
culebras comen de tus sueños
noches extraviadas
caja de cristal
obsequio de brujas
en el umbral del día

Categorías:literatura, poesia

Viviendo en la piel de los otros…

Septiembre 8, 2008 Daniel Battiston 4 comentarios

El miércoles pasado tuve un pequeño y estúpido accidente que me llevó a esguinzarme el tobillo derecho, sin contar el bonito desgarro que lo acompaña.

Como resultado estoy obligado a llevar una bota ortopédica para inmovilizar el pie. Hoy tuve que volver al médico para un primer control. Todo estuvo muy bien, la inflamación del pie se redujo, lo mismo que los hematomas; el lunes próximo arranco con cinco sesiones de kinesiología para la rehabilitación. Pero viví en mi mismo la realidad de una ciudad que no está construida para que una persona con limitaciones motrices pueda desplazarse con comodidad. Esto sin contar la desaprensión de la gente.

Paso a enumerar:

  1. Veredas destruidas; con desniveles; baldosas sueltas; pozos; y un larguísimo etcétera
  2. Subidas para discapacitados en las esquinas inexistentes o simplemente destruidas, lo que convierte en una odisea subir a la vereda con una pierna casi inmovilizada.
  3. Autos que estacionan extactamente en la esquina.
  4. Autos que no respetan el paso del peatón.
  5. Gente que viene caminando hacia uno y no se hace a un lado, cuando puede notar que será imposible dejarles paso.
  6. Gente que al ver que uno intenta subir por la rampa de discapacitados, primero pasan ellos… por la rampa, por supuesto.

Si por el solo hecho de estar con una pierna que no responde por completo, transitar por Mar del Plata se transformó en una odisea, imagino los problemas que tienen la gente en silla de ruedas, los ciegos y disminuidos visuales, personas que deben desplazarse con bastón, muletas o el corralito con ruedas.
Suena horrible, pero durante un par de horas me sentí una persona de segunda clase

Categorías:catarsis, sociedad