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Archivo para Julio 14, 2008

Los hábitos de las hormigas

La hormiga sigue el rastro que marcan sus hermanas. Ciega a todo lo que no sea el rastro, él es su guía y es el sendero mismo. Oleadas de aromas la envuelven, invaden su cuerpo, y ella avanza por y para el camino marcado. Ella desconoce que es esto, no lo vive como aromas; es un empujarse hacia adelante, un repicar de patas tras patas antenas alzadas buscando y buscando el rastro. El sendero marcado por las que la preceden es una promesa de hojas tiernas y aire fragante, y soplo de voces susurradas, tenazas rasgando hierba. Ella no se pregunta (no puede) donde termina el camino; ella no sueña (no puede) con una meta, avanza tras que tras de sus hermanas. Nadie le enseñó el camino, pero sabe. Colinas grises y claros abrasados por la luz que cuelga sobre la colonia. Ella camina repiqueteo de patas replitic tepliquic plitipic y avanza avanza. Cuando el viaje llegue a su fin, ella sabrá.

Tiempo

Tiempo. Gira sobre si mismo. Avanza. Estamos atrapados en un laberinto sin centro, estamos atrapados en su laberinto. Corremos. Extendemos las manos para no caer, pero tropezamos con cada paso. Tropezamos con nuestros recuerdos, nuestros amores, nuestros odios, sonrisas, caricias, miradas de costado. Avanzamos junto a él. Tiempo. No es el río que muchos imaginan. Tiempo. Un entrecruzarse de senderos. Nos apoyamos contra un muro suave y tibio, y nos arrastra, no podemos detenerlo; no podemos detenernos. Tiempo. Cerrar los ojos. Flotar. Dejarse llevar.