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Archivo para Julio 2008

Nos miran

Ojos

Nos miran. Febriles. Se retuercen con cada uno de nuestros movimientos, con cada palabra, con cada gesto que apenas insinuamos. Parecen vivir de nosotros, consumiendo nuestro interior. No nos damos cuenta y por eso los ignoramos, pero cada tanto alguien comprende. No es fácil hacerlo. En el principio es incredulidad, luego hay algo que incomoda. Nace en la garganta y baja y se expande a través de los brazos y las manos se vuelven torpes. Al final llega el miedo por saber, por darse cuenta que nos miran. Entonces es tarde. Ya no hay remedio.

Teoría literaria XII – Las figuras retóricas (2º parte)

A partir de ahora voy a dedicar una serie de post donde transcribiré una breve reseña de cada figura retórica en particular. Empiezo con las figuras de metaplasmo que consisten en la utilización de formas léxicas que serían, en teoría, incorrectas en la lengua ordinaria. Las más conocidas de estas figuras son las licencias métricas.

  • Prótesis: Consiste en extender una palabra aumentando los sonidos que figuran al principio en algún o algunos elementos más. Por ejemplo, amoto en vez de moto.
  • Apéntesis: Es la adición de un fonema o más en el interior de una palabra, esto es, la intercalación o adición de un segmento, en general vocálico, en una secuencia fonológica. Sucede naturalmente en la evolución de los lenguajes (humerum > hom’ro > hombro). También puede ser usado deliberadamente como metaplasmo, creando una nueva palabra o neologismo.
  • Parágoge: Consiste en agregar un fonema o más, etimológico o no y por lo general una vocal, al final de un vocablo, como por ejemplo en felice por “feliz”, en huéspede por “huésped”. Se denomina también epítesis y se utilizaba en el romancero y en la versificación o métrica para aumentar artificialmente el cómputo silábico del verso.
  • Aféresis: Es un recurso poético consistente en la supresión de una sílaba al principio de una palabra. Este recurso poético era habitual en la poesía en castellano hasta el Romanticismo, siendo muy usado en el siglo de oro ya que la exigencia métrica en las distintas estrofas conllevaba este tipo de licencias y libertades; sin embargo, luego cayó en desuso, siendo hoy en día muy raro encontrarla y constituye cuando se da un rasgo de extrañamiento más que un recurso métrico.
  • Síncopa: Es una figura literaria de dicción que consiste en la supresión de algún sonido dentro de una palabra. Se basa en el fenómeno lingúistico de la síncopa.
    La síncopa lingüística es un un proceso fonológico consistente en suprimir fonemas en el interior de una palabra. Aunque ocurre normalmente al usar un lenguaje coloquial (cantado>cantao), la síncopa es responsable de muchos procesos de evolución de las lenguas, incluido el castellano desde el latín: comparare>comprar. Históricamente el fenómeno afectó especialmente a las vocales átonas y breves precedidas y seguidas de vocales tónicas o largas, que ya en latín vulgar se pronunciaban neutralizadas y abreviadas. La síncopa en castellano provocó la aparición de dobletes de palabras con significados próximos pero diferentes, uno como resultado de la evolución normal sincopada de la palabra latina y otro como préstamo lingüístico directo del latín: “delicado” y “delgado” o “labrar y laborar”.
  • Apócope: Es un metaplasmo donde se produce la pérdida o desaparición de uno o varios fonemas o sílabas al final de algunas palabras (cuando la pérdida se produce al principio de la palabra se denomina aféresis, y si la pérdida tiene lugar en medio de la palabra se llama síncopa). Era figura de dicción según la preceptiva tradicional.
    En castellano se apocopan algunos adjetivos, adverbios, sustantivos, verbos y determinativos.
    Ejemplos:
    bueno → buen
    grande → gran
    primero → primer
    mucho → muy
  • Diástole: En latín permitía que una sílaba breve se pronunciara como larga. En castellano, donde no existe la cantidad vocálica, la figura se aplica a la acentuación: adelantar la posición del acento de una sílaba a la siguiente, en ocasiones, con el objeto de facilitar ciertas rimas.
    Ejemplo:
    El conde mi Señor se va a Napoles
    Y el Duque mi Señor se va a Frana
    Majestades, merced, porque este día
    Pesadumbre daré a unos caracoles.
    (Luis de Góngora)
  • Sístole: Implica, en contraposición a la diástole, atrasar la posición del acento de una sílaba a la anterior.
    Ejemplo:
    E ya, pues, desrama de tus nuevas fuentes
    en mí tu subsidio, inmórtal Apolo.(Juan de Mena, Laberinto de Fortuna)
  • Sinéresis: Es el recurso que permite ligar las vocales de un hiato deshaciéndolo, para lo cual se debilita el timbre de la vocal más débil a fin de crear un diptongo artificial con el propósito de disminuir en uno el cómputo total de sílabas del verso. Es lo contrario de la diéresis, pero, de forma distinta a esta, no se señala con ningún signo gráfico especial.
  • Diéresis (o dialefa): Es la desunión de un diptongo, formando dos sílabas en lugar de una, como lo sería gramaticalmente.
    La diéresis se indica con la colocación de dos puntos, llamados crema, diéresis o puntos diacríticos, sobre la vocal débil, o la de menor intensidad fonética del diptongo.
    Ejemplo: El süave susurro: La palabra suave tiene dos sílabas, en la primera hay un diptongo, una sola sílaba gramatical con el diptongo “ua” (sua-ve). En el verso se ha aplicado la diéresis y se ha separado el diptongo, “su/a”, dando lugar a tres sílabas métricas (su-a-ve), para indicar esta licencia se ha colocado el signo correspondiente, dos puntos o diéresis; así, este verso tiene 6 sílabas gramaticales, pero 7 sílabas métricas.
    La dialefa propiamente dicha es cuando se rompe la sinalefa. Por ejemplo, si en vez de la es-cue-la (tres sílabas) se pronuncia la-es-cue-la (cuatro sílabas).
  • Sinalefa: Es la pronunciacion en una sola silaba de la vocal final de una palabra y la vocal inicial de la siguiente. En los textos en verso, la sinalefa afecta a la medida del verso, disminuyendo el número de sílabas del mismo. Así, por ejemplo, en el endecasílabo de Garcilaso de la Vega: Los cabellos que al oro oscurecían; que y al forman al contarlos una sola sílaba métrica por sinalefa, lo mismo que -ro y os-, con lo que el endecasílabo cuenta con sus once sílabas preceptivas.
    Hay que notar que la sinalefa se diferencia de la elisión por conservar el timbre de las dos vocales mientras que en la elisión se suprime uno de los sonidos vocálicos.
    En el siguiente verso se puede apreciar claramente el uso de la sinalefa para hacer versos de menor tamaño:
    Salve al pueblo que intrépido y fuerte
    a la guerra morir se lanzó
    cuándo el bélico reto de muerte
    sus cadenas de esclavo rompió.

    En la pronunciación debería escucharse así:
    Salveal pueblo queintrépidoy fuerte
    a la guerra morir se lanzó
    cuándoel bélico reto de muerte
    sus cadenas deesclavo rompió.
  • Ecthlipsis: Complementa a la sinalefa, pues supone la fusión de las consonantes final e inicial de sendas palabras cuando aquéllas son idénticas o muy similares.
    Ejemplo: los siguientes versos, de Jorge Manrique, forman parte de una estrofa formada con versos de 8 y 4 sílabas. El segundo de los versos, aunque cuenta con 5 sílabas gramaticales, gracias a la ecthlipsis, se queda con 4, pues su primera sílaba, que empieza por d, se une a la última palabra del primer verso que termina en d.
    ni menos la voluntad
    de tal manera.
  • Metátesis: Consiste en el cambio de lugar de los sonidos dentro de la palabra, atraídos o repelidos unos por otros. Pueden ser dos los sonidos que intercambian su lugar, y entonces se suele hablar de metátesis recíproca (animalia > alimaña), o bien puede ser solo uno el sonido que cambia de puesto en el seno de la palabra, llamándose entonces el fenómeno metátesis sencilla o simple (integrare > entregar, crepare > quebrar). Los sonidos que metatizan pueden estar contiguos, hablándose entonces de metátesis en contacto como en vidua > viuda; o bien, pueden estar separados, originando una metátesis a distancia como en los ejemplos aducidos en la metátesis recíproca.

Nota: para la serie de posts referidos a las figuras retóricas me estoy valiendo de la ayuda de Wikipedia

Links:

Teoría literaria I – La realidad literaria
Teoría literaria II – La irrupción de la realidad imaginaria
Teoría literaria III – El hecho fantástico
Teoría literaria IV – El narrador
Teoría literaria V – Nivel de lengua del narrador
Teoría literaria VI – El ritmo narrativo y las conjugaciones verbales
Teoría literaria VII – El foco narrativo
Teoría literaria VIII – El contexto narrativo
Teoría literaria IX – El diálogo
Teoría literaria X – La creación de un personaje
Teoría literaria XI – Las figuras retóricas (1º parte)
Teoría literaria XII – Las figuras retóricas (2º parte)

Instante

Desde aquí todo es pequeño; incluso las voces de los que me miran, voces diminutas y bracitos en alto. Parecen marionetas enloquecidas: el titiritero escapó con la esposa del dueño del circo.
Todavía estoy de pie en el borde, me piden que vuelva a sentarme pero no les hago caso. Alzo un pie y ellos, las marionetas, alzan los brazos tan breves hacia mi, mostrando las palmas. Salto, arriba, un despegarse de los pies, me elevo apenas unos centímetros y ellos gritan, tienen miedo. Apoyo la espalda contra la pared. Enciendo un cigarrillo, aspiro el humo azul y tibio y los pulmones se colman del placer acre del tabaco. Me siento. Ellos parecen calmarse.
Creo que tienen miedo. Desde acá se ven tranquilos desde que me senté. Juego haciendo anillos de humo, los anillos alzan vuelo y los más chicos festejan. Por un momento los mayores se alborotan y los chiquillos que se asombraban con los anillos de humo naciendo de entre mis labios corren hacia la derecha. Ha llegado un móvil de la televisión. Tienden cables a través de la calle y las piernas de los curiosos. Una cámara apunta hacia mi. Alguien a quien conozco del noticiero de las 20 habla con la gente, los ataca con el micrófono como si fuera una lanza. Les gusta hablar, lo noto mientras me miran de reojo o me señalan sin disimulo. La policía intenta poner orden, pero nadie les hace caso.
Me paro. Se detienen como si los relojes hubieran muerto. Me miran y les sonrío. Otra vez alzo un pie. Un policía dice algo, pero su voz llega confusa, metálica a través del megáfono.

Adelanto el otro pie.

Perlas Negras (40)

Woody Allen, 1935 -

Echo de menos la época donde el aire era limpio y el sexo sucio

Catarsis (20)

si naciste en medio de una familia de burgueses, si siempre tuviste la cama y la comida preparadas, si tu papá te mandó a los mejores colegios y si te pagó una buena universidad
si nunca moviste un peso mayor que el de tu propio cuerpo, si tenés un trabajo de lunes a viernes y si cobrás un sueldo que te permite vivir de un modo digno
si en 1974 te hiciste amigo de todos y en el `76 te cortaste el pelo y te quitaste la barba
si cuando ves a un morochito cruzás la calle, si no sabés cuanto cuesta un boleto de tren o de colectivo, si das vuelta la cara cuando ves a un chico revolviendo tachos de basura
si en los `80 coqueteaste con Fukuyama y en 1971 con la JP, y si vivís en tu casa en el country y manejas un auto importado, si tus hijos estudian a jornada completa en un colegio inglés
si nunca saliste de viaje con una mochila al hombro, si nunca te despertaste a las tres de la madrugada y garrapateaste en un papel cualquiera seis versos horribles que entonces te parecieron los más bellos, si pagas por putas caras y si pagás la cuota del gimnasio de tu esposa
si nada más sabés que las villas existen, si tus vacaciones siempre son en Saint Maarten, si tus tres hijos tienen un iPod cada uno, y si los encarcelás frente a la Wii cada fin de semana
si el costo financiero de los créditos te quitan el sueño, y si apenas saludás con desgano a tu secretaria, si todos tus amigos son abogados, y si te mostrás con tu esposa en alguna cena a beneficio
si los cuadros en tu casa combinan con el color de los muebles, si de El Capital solo leíste la contratapa, si ya no mirás a la cámara cuando te invitan a un programa de TV
y si en noviembre de 2001 ya no tenías la plata en el banco, si ya estás aburrido de casi todo
sos de esos tipos que hoy pueden calzarse el disfraz de la izquierda

Algunas cosas que haremos

Creo que intentarás morderme, que buscarás mi carne con tus dientes, que querrás develar mi alma con tus ojos, que correrás tras mi lengua con la tuya.
Pienso que tus manos se hundirán en mi cuerpo, que nuestras salivas se mezclarán en un cóctel dulce, que no preguntarás ningún por qué.
Sueño que me aferrarás de cualquier modo, con manos entrelazadas, con dolores y jadeos.
Imagino nuestros cuerpos, tus senos danzando en la música de nuestro sexo, tus dientes clamando por mis hombros.
Busco a través de mares que se alzan, de piel como dunas movidas por el viento; busco tras océanos que se desploman en mi boca, debajo de la lluvia recién nacida que rueda hasta nuestros pies.
Quiero nombrarte entre mis labios roncos, saciarme de vos, ofrecerme completo y absurdo.
Pienso en la cárcel de tus muslos, en el crujido de tu piel, en el cegado palio de tus pies, en la caverna de tus axilas, en tus bosques secretos, en el delirio de tus pezones, y en la impaciencia de tus manos.

Los hábitos de las hormigas

La hormiga sigue el rastro que marcan sus hermanas. Ciega a todo lo que no sea el rastro, él es su guía y es el sendero mismo. Oleadas de aromas la envuelven, invaden su cuerpo, y ella avanza por y para el camino marcado. Ella desconoce que es esto, no lo vive como aromas; es un empujarse hacia adelante, un repicar de patas tras patas antenas alzadas buscando y buscando el rastro. El sendero marcado por las que la preceden es una promesa de hojas tiernas y aire fragante, y soplo de voces susurradas, tenazas rasgando hierba. Ella no se pregunta (no puede) donde termina el camino; ella no sueña (no puede) con una meta, avanza tras que tras de sus hermanas. Nadie le enseñó el camino, pero sabe. Colinas grises y claros abrasados por la luz que cuelga sobre la colonia. Ella camina repiqueteo de patas replitic tepliquic plitipic y avanza avanza. Cuando el viaje llegue a su fin, ella sabrá.

Tiempo

Tiempo. Gira sobre si mismo. Avanza. Estamos atrapados en un laberinto sin centro, estamos atrapados en su laberinto. Corremos. Extendemos las manos para no caer, pero tropezamos con cada paso. Tropezamos con nuestros recuerdos, nuestros amores, nuestros odios, sonrisas, caricias, miradas de costado. Avanzamos junto a él. Tiempo. No es el río que muchos imaginan. Tiempo. Un entrecruzarse de senderos. Nos apoyamos contra un muro suave y tibio, y nos arrastra, no podemos detenerlo; no podemos detenernos. Tiempo. Cerrar los ojos. Flotar. Dejarse llevar.

Ruinas

Camina por sobre los escombros que cubren lo que alguna vez fue una ciudad. Trepa por sobre la pila de ladrillos, restos de autos quemados, se aferra a los trozos de hierro que nacen de entre lso restos de mampostería como hierbas, resbala, su mano se ciñe a un resto de pared, trepa, tropieza, resbala, vuelve a ascender, las manos vestidas de cortes y sangre seca, la cima está próxima. Al fin se sienta sobre una pila de maderas invadidas por la humedad y los gusanos.
A sus pies, entre la basura, crecen mechones de pasto, las briznas parecen garras; una mano se cierra alrededor de ellas y las arranca.

-Todavía no es tiempo -la mano se abre y las hojas de hierba roja caen a sus pies.

Alza la mano frente a sus ojos. La acerca. La aprieta contra la nariz. Huele. Se embriaga con el aroma rojo de la hierba retenido entre los dedos cubiertos de crostones. Cierra los ojos hasta ver luces cayendo a la tierra. Luces que huelen piedras, a humedad, y huelen a sueños extraviados y a gritos.

-Todavía no es tiempo -repite- Todavía no.

Abre los ojos y las luces aún caen desde el cielo; entiende que ellas no están escondidas en él, el cielo las deja caer semejantes a presagios absurdos sobre el páramo. Aquello que en algún tiempo fue la ciudad donde él dormía, trabajaba, odiaba, caminaba, comía, amaba, se exhibía como una mujer iracunda y desgastada.

-Todavía no es tiempo.

Se recuesta sobre los restos de basura, los trozos de mampostería se incrustan contra la espalda dolorida, las hojas de hierba a sus pies parecen querer contarle una historia, pero él no puede escucharla.