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Archivo para Junio 2008

Teoría literaria XI – Las figuras retóricas (1º parte)

En la entrega anterior (ver) dejé caer la idea de el uso de las figuras retórica al momento de narrar a un personaje; por supuesto que éste no es el único uso que puede hacerse de las mismas, tanto en poesía como en narrativa.
Si bien el uso de las figuras retóricas dentro de un poema es fundamental para llegar a buen puerto, dentro del campo de la narrativa las mismas logran potenciar al texto.
Las figuras retóricas o figuras literarias consisten en el uso no habitual de las palabras y las formas de construcción sonora, semántica y gramatical, lo que las vuelve en especial expresivas.

Las figuras se dividen en cinco grupos principales; a su vez el quinto grupo se subdivide en otros ocho subgrupos.
En éste post solo listaré cada una de las categorías y que figuras retóricas se encuentran contenidas en las mismas, luego me dedicaré a profundizar en forma individual en cada una de ellas.

Las categorías básicas en las que se ordenan son:

  • Figuras de metaplasmo:
    Las figuras de metaplasmo consisten en la utilización de formas léxicas que serían, en teoría, incorrectas en la lengua ordinaria. Las más conocidas de estas figuras son las licencias métricas.
    Las figuras de metaplasmo son las siguientes: prótesis, epéntesis, parágoge, aféresis, síncopa, apócope, diástole o éctasis, sístole, diéresis, sinéresis, sinalefa, ecthlipsis y metátesis.
  • Figuras de repetición:
    Las figuras de repetición consisten en el uso de elementos lingüísticos (fonemas, sílabas, morfemas, frases, oraciones…) que ya habían sido usados en el mismo texto. La repetición no tiene por qué ser necesariamente exacta, por lo que en muchas ocasiones se dan casos de semejanza.
    Las figuras de repetición son las siguientes: aliteración, onomatopeya, homeotéleuton, anáfora, epífora, complexio, geminación, anadiplosis, gradación, epanadiplosis, polisíndeton, annominatio (paronomasia, derivatio, figura etimológica, diáfora, políptoton), traductio, equívoco / antanaclasis, paralelismo (isocolon, parison, correlación), quiasmo y commutatio / retruécano.
  • Figuras de omisión:
    Las figuras de omisión consisten en la supresión de un elemento lingüístico necesario, en teoría, para la construcción del texto. Su uso tiende a aligerar la expresión.
    Las figuras de omisión son las siguientes: asíndeton, elipsis, zeugma, silepsis y reticencia / aposiopesis.
  • Figuras de posición:
    Las figuras de posición son aquellos procedimientos que se basan en la alteración del orden normal de las partes de la oración.
    Las figuras de posición son las siguientes: hipérbaton, anástrofe, tmesis y synchysis / mixtura verborum.
  • Figuras de pensamiento:
    Las figuras de pensamiento afectan principalmente al significado de las palabras.

A su vez la última categoría (Figuras de pensamiento) se divide en las subcategorías

  • Figuras de amplificación:
    Aunque la amplificatio, en latín, no es tanto un desarrollo más por extenso de una idea sino más bien su realce (por un uso especial de la entonación, por ejemplo), en la práctica las figuras de amplificación incluyen técnicas de alargamiento de los contenidos de un texto.
    Las figuras de amplificación son las siguientes: expolitio, interpretatio, paráfrasis, isodinamia, digresión y epifonema.
  • Figuras de acumulación:
    Las figuras de acumulación son procedimientos que buscan la adición de elementos complementarios a las ideas expuestas.
    Las figuras de acumulación son las siguientes: enumeración, distributio, epífrasis y epíteto.
  • Figuras lógicas:
    Las figuras lógicas son procedimientos que tienen que ver con las relaciones lógicas entre las ideas dentro de un texto; de forma especial, se considera la relación de contradicción o antinomia, por lo que la figura lógica por antonomasia es la antítesis. Como variantes de esta, se encuentran la cohabitación, la paradoja y el oxímoron.
  • Figuras de definición:
    Las figuras de definición (y descripción) se utilizan para reflejar lingüísticamente la esencia o apariencia de los temas tratados (personas, objetos, conceptos…).
    Las figuras de definición y descripción son las siguientes: definitio, prosopografía, etopeya, pragmatografía, topografía, cronografía y evidentia / demonstratio.
  • Figuras oblicuas:
    Las figuras oblicuas designan de forma indirecta una realidad utilizando las palabras en sentido apropiado. Constituyen la frontera con los tropos.
    Las figuras oblicuas son las siguientes: perífrasis / circunloquio, lítotes y preterición.
  • Figuras de diálogo o patéticas:
    Las figuras de diálogo son las propias del estilo directo, pues subrayan el carácter comunicativo del discurso. Se denominan también figuras patéticas pues pretenden incidir afectivamente en el destinatario.
    Las figuras de diálogo son las siguientes: apóstrofe / invocación, exclamación, interrogación retórica, optación y deprecación.
  • Figuras dialécticas:
    Las figuras dialécticas o de argumentación son las propias de los debates dialécticos (la disputatio, en latín); se trata de técnicas argumentativas.
    Las figuras dialécticas son las siguientes: concessio, correctio, dubitatio, communicatio, conciliatio y distinctio / paradiástole; pueden, además, incluirse aquí las llamadas probationes argumentativas, o pruebas expuestas por el orador para defender su argumentación: simile, argumentum y sententia.
  • Figuras de ficción:
    Las figuras de ficción permiten presentar como reales situaciones imaginarias.
    Las figuras de ficción son las siguientes: personificación / prosopopeya, sermocinatio / idolopeya y subiectio / percontatio.

En los próximos voy a dedicarme a detallar, por grupos, cada una de éstas figuras. Por supuesto que siempre deben usarse de un modo coherente, teniendo en cuenta que en la literatura menos es más, y que nunca es bueno el uso de más de dos o tres figuras retóricas sobre una misma página; podrán repetirse, pero nunca hay deberíamos caer en el uso de demasiadas figuras; como es lógico ciertas figuras retóricas serán más adecuadas (potenciarán mejor) un determinado texto que otras. Si bien la anterior afirmación anterior es relativamente cierta, cuales de estas figuras usemos, también estará determinado por el estilo e intenciones que cada escritor tenga; nunca debemos perder de vista que el contexto de la narración es un factor determinante al momento de narrar una historia.

Links:

Teoría literaria I – La realidad literaria
Teoría literaria II – La irrupción de la realidad imaginaria
Teoría literaria III – El hecho fantástico
Teoría literaria IV – El narrador
Teoría literaria V – Nivel de lengua del narrador
Teoría literaria VI – El ritmo narrativo y las conjugaciones verbales
Teoría literaria VII – El foco narrativo
Teoría literaria VIII – El contexto narrativo
Teoría literaria IX – El diálogo
Teoría literaria X – La creación de un personaje
Teoría literaria XI – Las figuras retóricas (1º parte)
Teoría literaria XII – Las figuras retóricas (2º parte)

Teoría literaria X – La creación de un personaje

¿Que busca un lector al leer un texto narrativo?

La respuesta a ésta pregunta es la que nos permite como escritores poder armar un personaje y lograr que éste sea el verdadero protagonista de nuestra historia.
El protagonista no siempre es aquel que vive la mayor parte de las peripecias. Un buen ejemplo es Santiago, en Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa. Si bien es con él con quien comienza la novela, es él quien carga con buena parte de la historia, no es el único personaje a quien le pasan cosas importantes. Incluso ni siquiera aparece o es nombrado durante pasajes muy extensos. Sin embargo, nadie que lea el libro dejará de reconocerlo como su protagonista.
Casi lo mismo podemos decir de Emma Bovary, o el agrimensor K, o el conde Drácula. Todos ellos se reconocen como los protagonistas de la historia que el narrador nos cuenta.

¿Qué relación existe entre las razones por las cuales un lector lee una historia y el descubrimiento por parte del autor de sus personajes? La respuesta es relativamente sencilla: el lector siempre busca enamorarse de los personajes; entonces, el escritor, deberá ser capaz de generar la empatía necesaria entre uno y otro para que los personajes cobren auténtica vida.

El escritor debe tener en claro a cada uno de los personajes de la historia antes de comenzar siquiera a contarla. Una forma de trabajo edecuada para esto es crear fichas de cada personaje en la que consten todos los datos posibles: sexo, edad, características físicas, profesión, historias previas, condición social y económica, y todo (TODO) aquello que el autor crea significativo. Si el escritor es capaz de ver al personaje antes de escribirlo, el lector podrá verlo cuando lo lea.
Por supuesto que en la narración no aparecerán todos los datos que se consignen en las fichas, pero el escritor, al conocerlos, sabrá como actuará, hablará, en suma, se relacionará un personaje con los otros.

El paso de la ficha al texto narrado es lo complejo. Si cualquiera lee en la página uno que Juan es alto, morocho, está casado con María, trabaja en una fábrica de botellas, y esta hastiado de su vida; es muy probable que nos olvidemos de todo ello al llegar a la página tres. Esos datos, expuesto de forma tan directa, nunca quedarán marcados en la cabeza del lector, y el personaje pronto adquirirá la consistencia de una sombra.
El modo más efectivo de narrar un personaje es a través de la perífrasis. La perífrasis es un recurso o figura retórica que consiste, en forma básica, en no narrar de un modo directo, por el contrario, hacerlo a través de un acercamiento oblicuo al texto, rodeándolo, girando a su alrededor para narrar las características del objeto sin nombrarlas nunca directamente.
Tomando el ejemplo anterior de Juan, podemos narrar su hastío diciendo que arrastra los pies, que no se detiene entre los curiosos que rodean al ciclista que acaban de atropellar. O en lugar de decir que pertenece a una clase económica medio baja, poder narrar que cada día va a su trabajo en bicicleta.
Otra figura retórica de buen resultado en el trabajo de construcción de un personaje es la paralipsis, que consiste en enfatizar algo a través de su ausencia. Por ejemplo, podemos resaltar el hastío de Juan contando que nunca se reía de las bromas de sus compañeros de trabajo. Del mismo modo que la perífrasis, la paralipsis nos permite acercarnos al personaje no de forma directa, sino rodeándolo.

De un modo básico, la utilización de figuras retóricas contribuye a narrar a los personajes dotándolos de una sustancia mucho más rica que la simple enumeración de sus características, o la transcripción literal de sus pensamientos y modos de sentir. Si podemos contar cada vivencia, cada pensamiento, cada sentimiento solo a través del modo de actuar, entonces habremos creado un personaje.

Links:

Teoría literaria I – La realidad literaria
Teoría literaria II – La irrupción de la realidad imaginaria
Teoría literaria III – El hecho fantástico
Teoría literaria IV – El narrador
Teoría literaria V – Nivel de lengua del narrador
Teoría literaria VI – El ritmo narrativo y las conjugaciones verbales
Teoría literaria VII – El foco narrativo
Teoría literaria VIII – El contexto narrativo
Teoría literaria IX – El diálogo
Teoría literaria X – La creación de un personaje
Teoría literaria XI – Las figuras retóricas (1º parte)
Teoría literaria XII – Las figuras retóricas (2º parte)

Revista El Margen #5

Casi puedo decir que el involuntario descuido del blog ha llegado -al menos por ahora- a su fin. Estos últimos quince días, o mejor dicho el tiempo libre que tuve estos últimos quince días, lo dediqué a terminar de dar forma a la nueva edición de El Margen, revista literaria que inconscientemente se me ocurrió publicar.

Por suerte el nuevo número ya está en la calle, o mejor dicho en la web. Por supuesto están todos invitados a echarle una hojeada; pueden descargarla desde el blog de la revista revistaelmargen.wordpress.com

Espero comentarios.

Maldiciones chinas

En China, uno de los más graves augurios de desgracias es desearle al otro que viva tiempos interesantes. De acuerdo a la filosofía oriental el ideal de vida es aquel en el que todo permanece inmutable; la lucha constante entre los opuestos del universo, el ying y el yang, tiende al equilibrio, complementándose uno al otro. El resultado es un universo estático donde nada cambia. Un tiempo interesante, será para el pueblo chino, aquel en el que se se produzcan cambios, o lo que es lo mismo que se quiebre el necesario equilibrio entre el ying y el yang.

Y ahora estamos viviendo tiempos interesantes.

Empezando por el descarado giro hacia la derecha, quizás la única excepción sea España, que están tomando los gobiernos en Europa, a las derechas autoritarias disfrazadas de izquierda progresista en Latinoamérica.
En Argentina estamos viviendo tiempos interesantes. Un gobierno que nos hace morisquetas desde la izquierda para salir corriendo hacia el otro lado; comunidades indígenas en las provincias de Chaco y Formosa diezmadas por la sequía; deslumbrantes anuncios de inversión por 3000 millones de dólares para hacer un tren bala mientras 30000 km de vías y miles de pueblos permanecen olvidados porque casi no existen servicios ferroviarios en el país; protestas y cortes de rutas todos los días; una desocupación creciente; un gobierno que “dibuja” los índices de inflación para que sean de un promedio del 0,7% mensual; hospitales públicos que se caen a pedazos por falta de inversión; una presidente que dejó en su último viaje a Francia u$s10000 en propinas cuando hay médicos que ganan alrededor de u$s500 al mes; actos públicos para mostrar el descontento hacia las políticas oficiales que llegaron a juntar 200000 personas; el gobierno acusando de golpistas en forma permanente a todo aquel que piense diferente a él, y de imbéciles al resto de los ciudadanos; en las ciudades grandes, chicos desnutridos y gente sin techo revolviendo tachos de basura intentando encontrar restos de comida; y sigue la lista…

Estamos viviendo tiempos interesantes…

Categorías:catarsis, política, sociedad

Inmodestia

Comencé Un extraño, un hombre mundano hace poco más de dos años. El primer post fue publicado el 7 de mayo de 2006 en Blogger luego de tres o cuatro intentos fallidos de crear un blog y cuando, en realidad, no tenía demasiada idea de que era esto.
Hacia fines de noviembre de 2007 me mudé WordPress y todavía estoy aquí; quizás aún no tengo una idea por competo formada sobre que la juegan los blogs, pero sí se que quiero hacer con el mío: literatura en el sentido más vasto de la palabra. No importa si es un relato breve, un ensayo, o la cita de un artista reconocido; quiero, nada más, poder escribir lo que considere correcto sin tener que estar luchando con los editores, ese mal necesario.
Mantener un blog es todo un trabajo si a uno le interesa que sea interesante, bien escrito, criterioso. Al fin de cuentas, publicar un blog, no debería ser distinto a publicar una revista en papel, los cánones de calidad son los mismos.

Y a veces uno se pregunta, ¿para qué todo este esfuerzo? Ayer tuve una respuesta: Un extraño, un hombre mundano figura entre los 100 blogs literarios en castellano más influyentes de internet según un ranking realizado por Wikio, algo así como el Technorati de España.
De acuerdo con Wikio, Un extraño… aparece en el puesto 41 del ranking correspondiente al mes de junio de 2008.

Categorías:arte, blogs, internet, sociedad