Tarde de domingo
Es la hora de la depresión.
El día comienza a morir, y el calor continúa sobre la ciudad. El aire tiene una consistencia propia, parece jalea. En la tarde del suburbio, un viejo toma mate junto a la ventana que mira hacia la calle. Cada tanto pasa un auto. Por un momento recuerda al mate, y regresa a él, sorbiendo con fuerza hasta que el mate queda tan vacío como el viejo. Y ceba otro mate.
En la esquina una pareja se besa contra el muro que resguarda al baldío plagado de yuyos y ratas. La tarde se desploma sobre ellos cargada de promesas para la noche.
Sobre el charco junto al cordón flota una nube de mosquitos. Un perro ladra tras la reja de una casa. Una mujer habla sola, la voz es apenas un murmullo opaco, mira de reojo a los amantes de la esquina. Un ladrón se apoya contra la puerta de un automóvil rojo.
En la medialuz del dormitorio un poeta escribe su suicidio.





