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Archivo para Marzo 12, 2008

Teoría literaria VII – El foco narrativo

Hasta el momento, en cuanto al narrador, pudimos ver:

  1. Los diferentes tipos de narrador.
  2. Los modos de expresión (niveles de lengua) que puede tener el narrador, y sus variantes.
  3. La forma de uso de los diferentes tiempos verbales, y la forma en que éstos influyen en el ritmo de la narración.

Ahora quiero hablar del último recurso técnico del narrador: el foco narrativo.
El concepto de foco narrativo es simple: el narrador, en esencia, es un testigo de la acción del texto y procede a narrar lo que sucede en ella. Así como una cámara de fotos, o de cine, enfoca sobre una parte de la realidad; el narrador lleva su mirada hacia una parte de la realidad literaria que está narrando; hace foco sobre parte de esa realidad y desde allí narra.

Como concepto, el de foco narrativo, puede parecer caprichoso y artificial, pero de hecho es un recurso técnico que puede ser explotado de un modo interesante en la narración.
Voy a un par de ejemplos concretos para que pueda comprenderse mejor:

  • Imaginemos a dos personajes dialogando en un bar. Permanecen sentados en una mesa junto a la ventana que da a la calle.
    Imaginemos, ahora, a un narrador. Tomemos, primero, al omnisciente en tercera persona. Se encuentra por fuera de la narración, suspendido sobre ella; es capaz de ver todo lo que sucede, y lo cuenta.
    Supongamos, ahora, otro narrador en tercera, pero que narra no desde fuera sino sentado a las espaldas de uno de los personajes. Ahora, el narrador no puede ver, por ejemplo que hay sobre la mesa, o que hace exactamente el personaje que le da la espalda. Va a contar lo mismo que el omnisciente en tercera, pero en cierto modo los hechos no serán los mismos narrados por uno u otro.
    Imaginen, un tercer narrador. Éste está en la cocina del bar, no puede ver a los personajes, pero puede escuchar el diálogo. Nuevamente estaremos en condiciones de contar otra versión diferente de la historia.
  • Segundo ejemplo, este es real. El narrador de la primera parte de El sonido y la furia de Faulkner. El narrador es un narrador omnisciente en tercera, pero narra desde el punto de vista de unos de los personajes -un deficiente mental- El narrador cuenta solo lo que ve e interpreta el personaje; por cierto un malabarismo técnico muy difícil de igualar.

En textos de cierta extensión -por encima de las 10000 palabras- las mudas, o cambios de foco narrativo, son otro modo de trabajar el ritmo de la narración. En este caso el narrador -que siempre es el mismo-narra desde diferentes puntos de vista, cambiando el lugar desde donde mira la escena.

Links:

Teoría literaria I – La realidad literaria
Teoría literaria II – La irrupción de la realidad imaginaria
Teoría literaria III – El hecho fantástico
Teoría literaria IV – El narrador
Teoría literaria V – Nivel de lengua del narrador

Teoría literaria VI – El ritmo narrativo y las conjugaciones verbales
Teoría literaria VII – El foco narrativo
Teoría literaria VIII – El contexto narrativo
Teoría literaria IX – El diálogo
Teoría literaria X – La creación de un personaje
Teoría literaria XI – Las figuras retóricas (1º parte)
Teoría literaria XII – Las figuras retóricas (2º parte)

Los arroyos escondidos

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Pocos saben, y nadie los ve, que los campos donde se levanta la ciudad de Mar del Plata están surcados por arroyos que, ahora, se encuentran escondidos bajo las calles y las torres de departamentos del centro de la ciudad. Uno de los más conocidos es el que corre bajo la avenida Colón, la diagonal Álvarez, pasa por la diagonal Pueyrredon, cruza la plaza San Martín, sigue la traza de la diagonal Alberdi; y desemboca al fin en Punta Iglesia.
Éste, y todos los demás, permanecen encerrados bajo toneladas de concreto, condenados a no ver jamás el sol; ya nadie cruza sus aguas en botes de madera pintados de colores vivos; los más chicos, aquellos que se reunían en sus orillas a pescar mojarras, hoy pasan horas en los ciber. Eran los auténticos cauces de vida de la zona; y hoy permanecen ocultos como algo indeseable, como si fueran la vergüenza de la ciudad.
Cuando cae la lluvia, su alimento por siglos, renace en ellos el deseo de vivir; las bocas de tormenta estallan; y, al menos por una pocas horas inundan la ciudad, para luego regresar a su cárcel bajo las calles hasta la próxima lluvia.