Dúo
El tipo me habla apenas respirando entre frase y frase. Por momentos su cara adquiere un color rojizo. Las manos se mueven frente a él, como si tuvieran vida propia; se mueven al ritmo de las palabras, sonidos y pausas que coinciden en una música privada, una danza que solo sus manos logran descifrar.
Permanezco de pie. La espalda apoyada contra la pared, aquella que está frente a la ventana de vidrios repartidos. Cuando el tipo camina hacia la derecha, puedo ver la calle a través de la ventana. El tipo habla cada vez más alto; creo que en cualquier momento va a ponerse a gritar. Y sigo son comprender.
Empieza a hablar sobre una mujer y la confianza; se supone que ambos la conocemos, digo supongo porque él no la nombra, da por hecho que la conozco. Me rasco la frente. Paso una mano por el cuello y la nuca. Tironeo el lóbulo de mi oreja izquierda tres o cuatro veces. El tipo habla. El tipo camina por el cuarto. Parece seguir el trazo de un sendero que solo él conoce. El tipo sigue hablando y mueve los brazos.
Creo que le molesta que no le responda, pero no me da la posibilidad de hablarle; no entiendo que me dice. La voz se expande por el cuarto, repta por mis piernas, me ahoga cuando llega a mi pecho, a mi cuello, sus manos.






Daniel: por fin tengo el tiempo para ponerme al día con tu literatura. Este relato me parece genial. Es un placer entrar a este lugar.
Te felicito.
Maria
Perdón, como veo que tenés la opción de moderación de comentarios aprovecho para decirte -ya que tan gentilmente todavía tenés linkeado mi blog- que tuve me mudé de dirección, ahora está en:
http://cronicasnadasutiles.blogspot.com/
Un beso. Sigo leyendo porque de verdad es un placer.
Daniel, si me permitís me gustaría publicarlo en Crónicas (vía enlace hacia aquí, por supuesto)
Espero tu respuesta.
Un beso
Excelente Daniel. Impecable.
Muy buenos los apuntes sobre teoría literaria.
Saludos
Leticia G.