El Campeón
Lo conocí una tarde, en la cuadra de la calle Santa Fe que va desde Rivadavia hasta Belgrano. La camisa roñosoa metida dentro del pantalón marrón subido hasta el ombligo, el cinto de hilo sisal y sus kilos de más saltando por sobre la cintura. Cuentan que vive en una carpa, allá por Libertad al fondo; y que cada mediodía se llega al centro cabalgando su moto de cross, con tres perros flacos tras él como la cola de un barrilete.
Camina la cuadra de arriba a abajo, blandiendo una raqueta como a un cetro o un arma. Dicen, los vecinos más viejos, que El Campeón estuvo en Malvinas; y lo imagino fusilen mano, con hambre, mugriento; y pienso en los ojos claros que lo último que vieron fue la boca desdentada de El Campeón gritando vaya a saber que puteada. Lo que se, es que él camina la calle al grito de “dale… dale dale nomás”. Y solo eso; porque me cuesta imaginarlo en un pozo lleno de agua robándole la vida a otro.
Y El Campeón hace juegos con la pelotita y la raqueta; y cada tanto hace sonar el silbato para que alguno que paró en doble fila se corra, que estacione allá, donde él le señala con la raqueta y meta gritar “dale… dale dale nomás”, mientras los tres perros lo corean entre ladridos y colas que se sacuden.
Cuentan que viajó por buena parte de América, con la moto que lo trae cada mediodía. Él no dice nada; y sobre el frente de un negocio pega tres fotos: es él, más joven, más delgado, jineteando la moto en una ruta de ripio rodeada de montañas. Y me gustaría creerles que él conoció lugares a los que aún no llegué.
Dicen los más viejos, que su familia es de estirpe rancia y él un abogado caído en desgracia. Me gustaría creerles; pero solo se de las viejas que pasan caminando por la cuadra y arrugan la nariz cuando está meta gritar y a reírse a las carcajadas, vaya saber si de ellas o del tipo que quiere estacionar la 4 x 4.
Y dice una vecina, que está enojada con él; que cada noche le alcanza un plato de comida caliente y El Campeón lo comparte con los tres perros. Entonces es cuando quiero creer que su familia es oligarca. Cuentan que su madre vive en Córdoba, y cada diciembre El Campeón desaparece de la Mar del Plata; cuentan que monta la moto y va a visitar a su madre.
Y entre gritos de “dale… dale dale nomás”, y jueguitos con la raqueta, y pitazos, y una mano extendida ante las monedas que le dejan, creo que no está loco.




