Se sabe que Juan de Garay, luego de fundar Buenos Aires, continuó navegando hacia el sur y llegó al lugar donde nació Mar del Plata.
Nadie cuenta que Garay y sus hombres acamparon allí, y fueron recibidos de buen modo por los habitantes.
Tampoco narran que un sevillano de nombre Dieguez enamoró a Naiquén, la favorita del cacique. Fueron separados de un modo brutal, y condenados a vivir en las tierras del oeste, donde se alzan las Rocas Altas.
Dieguez fue estaqueado hasta morir de sed. Naiquén, lloró de rabia y dolor; dejando caer sobre Dieguez sus lágrimas, para que beba de ellas. Pero Dieguez murió, y Naiquén lloró por el amor extraviado. Lloró hasta secar su cuerpo; y hasta que ella misma se deshizo en aguas.
A fines del siglo XVIII, los jesuitas arribaron a la Laguna de Naiquén, junto a las Rocas Altas; que hoy se conoce como Laguna de los Padres.




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