Se desliza hacia abajo; húmeda como sólo ella puede serlo. Silencio estallando en ellas, estrellándose piel contra piel; suavidad dulce contra dedos que buscan desesperados; silencio de gargantas secas; aliento de voces que se buscan entre la penumbra del cuarto. Perfume de ombligos vistiendo sus cuerpos, mientras perlas de sudor se arrastran a través de ellos, en busca de un sur más feliz. Sabores de sal anidados en sus lenguas, lenguas que yo no intentan hablarse, lenguas desesperadas por hallarse, por explorar, por desgajar a la otra, por matarse, por renacer agitadas, llorosas, frutos desbordados de jalea. No saben; no quieren saberlo; éste instante; el tiempo quieto; rastros de piel de una sobre otra.
Y nada más.
Ejercicio
Septiembre 22, 2007 · 1 comentario
Categorías: cuentos · erotismo · literatura · narrativa




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isabelcatalogo // Mayo 10, 2008 en
Apreciado Daniel mundano, de historias de pieles tibias y labios húmedos y anhelantes sabe mucho mi amiga Marlene, ella sabría contarte locuras de alcoba que no habrías acertado ni a imaginar, con su voz susurrante de terciopelo te haría enloquecer, mientras se dedicaba a proporcionarte las caricias más sutiles que puedan desearse… te espera
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