confusiones pretéritas

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todas las orejas me hablan

todas las orejas me hablan
y dicen que estás muerta,
donde los sicarios del Tío
dejan ofrendas
de carne
uñas
ojos
horas,
ahí donde el rey vagabundo cae,
donde un general sin ley,
donde fingen las estatuas,
entre disparos de escopetas,
en la hora que los conventos vomitan ostias
llegás tarde al confesionario,
docientos pecadores te esperan,
alzaran su sexo,
pero estás muerta
en esta hora perfumada de pólvora,
la suma siempre es errónea
en la hora de la siesta,
las novias extravían los anillos,
escapan desnudas de la iglesia,
violadas por cuatrocientos ojos,
y vos estás muerta

en el rincón más oscuro

en el rincón más oscuro el sol se recuesta sobre un sofá
se olvida del cuarto invadido por extraños
se arrastran, gimen, revuelven los cajones, destruyen mi biblioteca
obligan a confesarme entre pergaminos y brújulas amnésicas
finjo que no tengo voz, que las orejas los han abandonado
son los hijos mudos, auditorio ciego, arrullados entre ortigas
no dormirán cuando el día caiga, abrazados a mi cuello
el sacerdote desdentado canta la misa, inconvencido, los ojos brillantes
el barro que los alimenta se inflama de gusanos
el día se agota entre relojes

No se hace buena literatura con buenas intenciones ni con buenos sentimientos; André Gide

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