Periodismo independiente, ¿qué es eso?
Cuando el canal de noticias TN comenzó a transmitir en junio de 1993, hizo de la frase Periodismo Independiente no sólo su slogan, también creó el mito de la independencia periodística en Argentina y una de las frases más bastardeadas de los últimos años. Por supuesto que el periodismo nunca es independiente.
¿Por qué? La respuesta es sencilla, y tiene dos partes: toda nota periodística, investigación o editorial, está escrito por una persona, la cual, de un modo inconsciente o no, dejará filtrar su ideas, preconceptos y posturas políticas. Segundo, todo artículo o guión periodístico se escribe siguiendo una receta preestablecida, todo artículo periodístico se sostiene gracias a estar escrito de acuerdo a la estructura del ensayo.
En este último punto se encuentra la semilla de la falta de independencia de cualquier texto periodístico. El ensayo como cualquier otra forma literaria tiene un objetivo. En la narrativa de ficción el autor escribe para el final del cuento; cuando el lector llega al último párrafo debe quedar confundido, luego de algunos segundos o quizás tras la relectura, el lector se sobrepondrá a la sorpresa y comprenderá que cosa escribió el autor. En otras palabras: la narrativa se escribe en función de golpear al lector en el cierre del texto, el lector siempre llega al final del cuento después que el texto mismo, y esto es lo que genera sorpresa o asombro. El escritor nunca es por completo inocente.
Y el ensayo tampoco escapa a la norma de la cual hablo en el párrafo anterior. Pero la intencionalidad es por completo diferente. La estructura del ensayo trabaja -como la narrativa de ficción- para el final, que en este caso se denomina conclusión. Pero aquello que hace tan particular al ensayo es que el lector debe llegar a la conclusión un párrafo antes que el autor. El ensayo siempre busca demostrar algo, y es en este punto donde radica la intencionalidad del autor desembarazando al ensayo de cualquier posibilidad de independencia.
Cuando digo que el lector debe llegar a la conclusión un párrafo antes que el autor significa que al terminar de leer la nota, uno debe terminar diciendo esto es lo que yo pensaba.
Y, por supuesto, no estoy hablando de las limitaciones que impondrá cualquier medio a sus columnistas, o incluso las propias ideas de quien escribe. Un ejemplo interesante que encontré en estos últimos días fue la noticia del fallecimiento de Tomás Eloy Martínez. No voy a hablar de él como periodista ni mucho menos, pero sí del modo que cubrieron la nota dos diarios argentinos para los cuales escribió: La Nación y Página 12.
Cuando La Nación da la noticia de la muerte de Eloy Martínez (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1228316), hace referencia a sus trabajos para La Nación, The New York Times y El País, y por supuesto sobre sus comienzos en La Gazeta de Tucumán. Página 12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-16819-2010-02-01.html), un medio bastante alejado ideológicamente de La Nación, no hace referencia al paso de Tomás Eloy Martínez por La Nación, El País y The New York Times. Habla de su labor en la propia Página 12, cuyo suplemento literario inició, y en otros medios de izquierda o centro izquierda como Primera Plana o Panorama.
En rigor ni Página 12 ni La Nación mienten, pero le escamotean parte de los hechos a sus lectores en función de las posturas editoriales de cada medio.
El hecho de robarle o esconderle información a los lectores es una norma de cualquier diario, todo pasa por saber entre líneas, o bien dedicarse a leer diferentes diarios y tratar de sacar algo en claro. Pero lo anterior también es un mal de los autollamados periodistas independientes. Según puedo deducir un periodista independiente es aquel que se mueve por la zona gris que existe entre los medios establecidos y el under. Un periodista independiente siempre tendrá un blog, ya que entre sus preconceptos se encuentra el de renegar contra el mainstream periodístico y no desea ser empleado de nadie.
¿Qué hará esta gente si recibe una buena oferta de un diario o canal de televisión al cual hoy dice detestar? Sospecho que se olvidará de todo lo que dijo en su blog.
Lecturas
Leer es peligroso.
Y leer poesía es un acto atroz. El lector se sumerge en ella y sin poder percibir el momento se ve tomado por el cuello, la poesía lo absorbe, se adueña de él. Cualquier poemario de Fijman, por ejemplo, encierra entre sus tapas un poder destructivo tal que lograría que la tierra saltase de su órbita.
Pero el escritor no tiene conciencia de ello. El escritor escribe del mismo modo que un perro ladra cuando nota la presencia de extraños cerca de la casa, o un jarrón cae al suelo y estalla en pedazos cuando se lo deja librado a su suerte. Las palabras nacen del autor y éste no tiene otra alternativa que brindarlas, no es responsable de aquello que dice: el texto es un ser vivo que crece y se desarrolla entre horas pobladas de asombro y cigarrillos, la poesía estalla entre las manos del poeta y debe ser escrita.
El lector es un vampiro alimentado a palabras, un monstruo que deglute frases a través de su mirada para luego reconstruirlas, otorgarles un nuevo sentido y lanzarlas al mundo entredichas en susurros. Su mirada paseará a través de los versos y alzará torres que luego caerán en llamas, espiará pieles húmedas, un río de sangre abrasará al pueblo quieto en la hora triste de la siesta.
Amante nocturno
El amante trepa hasta el balcón, se escabulle en el dormitorio a través de los cortinados como una sombra más oscura que el negro.
La mujer aguarda por él. Le sonríe con todo el cuerpo, con sus ojos que huelen a lavanda, le sonríe con su boca blanca como una luna desaforada, con sus dientes que se clavan en el cuello del amante.
Sueño
A veces trato de imaginar que veré cuando abra los ojos.
Tengo miedo y prefiero seguir así, soñando, sumergido en esta horrorosa pesadilla de años.
Blanqueando ideologías
Desde hace muchos años adopté una actitud por completo crítica hacia la sociedad en general, en algunos aspectos este blog es muestra de ello. La pobreza filosófica de los políticos en general me deprime, y noto que ninguno es capaz de resistir una crítica objetiva. Y no digo que al menos salgan empatados: todos, siempre pierden.
Esta postura me condujo en un lugar un tanto incómodo para los demás, un lugar en el que me encuentro por completo a gusto.
La derecha me ve como una nueva especie de zurdo tirabombas; la izquierda, por el contrario me ha llegado a considerar un burgués elitista. Los moderados simplemente me miran de reojo, con desconfianza.
Quiero poner las cosas en claro. Y nada mejor que estas tiras de Mafalda, creo que el personaje de Libertad es quien mejor me representa políticamente.
Verona revisitada
El amante cruzó la noche a través de calles estrechas, casas de frentes sucios donde se esconden secretos susurrados, cruzando pasajes iluminados por la codicia de los ladrones y la desesperación de los tullidos. El amante llegaría a la Villa en el otro lado de la ciudad, corrió protegido bajo las sombras lanzadas lanzadas por los altos murallones semejante a un ladrón arrepentido, apretando bajo la capa el morral donde dormía su prueba de amor, el obsequio más preciado por su amada.
Julieta boca arriba en el lecho vestido de tules, vestida por el deseo al cuerpo de su amado. Los ojos hambrientos vagan por el cuarto en busca del oasis de la piel, la carne, las humedades dulces del hombre que cruza la ciudad en penumbras. Julieta juega con ella, juega impaciente por un Romeo que aún no arribó a la casa, un Romeo que esconde bajo ropajes oscuros su prenda de amor hacia ella; la amada juega impaciente, extraviándose en su piel, en sus sueños, en las cavernas tibias de su cuerpo. Julieta espera.
La calle debía permanecer desierta, y lo estaba. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. Una cuerda estaría aguardando por las manos fuertes de Romeo, y allí estaba. El amante trepó al balcón, descorrió los cortinados, observó a la mujer desnuda sobre el lecho. Y caminó hacia ella.
Se destrozaron uno al otro. Se atravesaron con miradas, con sus manos y lenguas. Se desgarraron hasta el hueso. Exprimieron sus cuerpos hasta el hartazgo, hasta el ahogo, hasta asesinar los sentidos. Luego, antes de huir a Francia, Romeo le entregó la prueba de su amor. La cabeza cercenada del padre.
Al día siguiente se habló de dos jóvenes y un frasco de veneno junto a ellos. Se habló de suicidio. De un padre colgando de un árbol, incapaz de soportar la muerte de su única hija.
Mascotas
El surubí es faldero. Le gusta que lo mimen, que lo lleven en brazos. Vi a muchas señoras mayores paseando con uno por las Ramblas de Barcelona, u hombres de negocios con pequeños surubíes sobre sus hombros mientras caminan despreocupados por Central Park. En la ciudad ya son moda, y las figuritas nuevas de la TV ya tienen uno para exhibir en los programas y revistas de chimentos.
Como el surubí, algunas razas de tiburones gustan de los abrazos y las palabras dulces murmuradas al oido. Pero no tuvieron tanta aceptación.
Perlas negras 51
J. G. Ballard; 1930 – 2009
La pornografía es la forma literaria políticamente más interesante, ya que nos muestra como nos manipulamos unos a otros del modo más compulsivo y despiadado
Work in progress 2
Pocas personas como Ricardo Fort son capaces de generar tantas discusiones, rechazos y adhesiones.
Algo debe tener.
Por supuesto que ese algo pasa porque es un personaje por completo literario. Sospecho que junto con Cristina Kirchner es el personaje público literariamente más interesante: podemos plantear cualquier situación ficticia con él y la podremos explorar hasta el límite que se nos antoje. Tipos como Macri o Boudou no poseen la profunda literaleidad de Fort.
Mientras escribo estas líneas lo imagino desnudo sobre una mesa de La Guapa, el cuerpo desfigurado por las cirugías, el gimnasio y los anabólicos, cubierto de aceite de oliva extra virgen griego, mientras es sodomizado por Luis D’Elia. A través de los vidrios empañados, dos chicos desnutridos dejan de rebuscar entre las bolsas de basura restos de comida para observarlos con gestos demasiado serios.
Abriendo la caja de Pandora
Borges decía que hay muy pocas metáforas posibles refiriéndose a los temas sobre los cuales puede girar una historia. Y es cierto, no son tantos como puede creerse, apenas un puñado: la venganza, la muerte, la traición y el amor -junto, por supuesto, con sus respectivos opuestos-
Y la metáfora de la historia es el amor nos encontramos en un serio problema: después de Romeo y Julieta es imposible escribir algo, ya que en la obra de Shakespeare se encuentra todo lo que puede escribirse. Si miramos con detenimiento cualquier culebrón, cualquier comedia romántica, cualquier novela amorosa, nos vamos a dar cuenta que todas ellas siguen, indefectiblemente, la estructura de Romeo y Julieta.
Y Avatar no es es la excepción. Con la salvedad que la historia básica chico – chica que se enamoran pero pertenecen a mundos diferentes, por lo cual todos se armarán en contra de su relación no se queda sólo en eso y en un happy end demasiado obvio y en la actitud políticamente correcta de Cameron al momento de hacer la crítica social correspondiente. En Avatar hay algo más.
Ese algo más es Pandora, el planeta donde transcurre la historia. Sorprende por su coherencia interna, algo
poco visto en la ciencia ficción -en especial de veinte años a esta parte- salvo contadas excepciones como el de Los amantes de Philip José Farmer; Una chica con todo de Theodore Sturgeon; o la Tierra Media en las sagas de Tolkien. En Pandora todo tiene su razón de ser, incluso la psicología de la raza inteligente que la puebla. En el mundo creado por Cameron nada es azaroso, el comportamiento de sus pobladores puede ser explicado desde el funcionamiento de Pandora como algo más que un planeta; los que ya hayan visto la película sabrá a lo que me refiero, el resto vaya a verla.
¿Dije el mundo creado por Camerom? Este es el gran problema de Avatar. En realidad la estética de Pandora y de sus habitantes, como arte, es un plagio descarado a la obra de Roger Dean, genial artísta gráfico y pintor británico reconocido popularmente, como el creador de buena parte del arte de tapa en los discos de Yes. Si no me creen miren las reproducciones que dejo de algunos trabajos de Dean, los mismos fueron tomados del blog Con ojos biónicos
Alguien podrá pensar que la estoy destruyendo.
Todo lo contrario. Avatar es una película entretenida, un guión interesante a pesar de pecar de previsible, y con dos enorrmes bonus a su favor: una de las pocas historias de ciencia ficción que conozco capaz de sostenerse a través de una lógica propia y no una simple extrapolación de nuestra sociedad. Y por supuesto su belleza estética y visual, más allá del plagio al que me refiero.
Como comparación, además de las reproducciones de los trabajos de Roger Dean, agrego el trailer de la película.













