Catarsis 34

Te sentás solo en la esquina más oscura de la casa. ¿Tenés miedo? ¿Las sombras que caen desde el techo, resbalan por las paredes y reptan por el suelo, esas que rodean tus piernas y se cuelan por tu piel te van quitando el aire? Sí. Y no sabés porqué.
Tenés miedo. Las sombras bailan sobre los hombros, sin música al ritmo de tu cuerpo que tiembla. ¿En qué pensabas cuando sellaste las puertas al mundo? Tus puertas, ¿podés entenderlo?
Sospecho que no. El miedo se clava en los ojos, los rasga, los arranca en un tirón, ojos y sangre. Son tus ojos. Y el miedo son esas canicas blanca y ciegas que ruedan por el piso del cuarto; es esa boca que se abre y muestra los dientes podridos y mudos.
Boca-cárcel. Boca-silencio. Lengua-ave.
Un gorrión aplastado por el pie. Por tu pie. Y no tenés mejor idea que buscar culpables, porque ese pie no puede ser el tuyo (decís) pero no hay nadie acá. Sólo vos y tu boca y la sombra cayendo desde el techo. El gorrión desnudado de vida, abierto en canal, las vísceras como una ofrenda.
Pero mi pie no ha sido (decís) Pero nadie te cree.
Gritás. Y las cabezas dicen no.
Yo no fui (decís). Gritás. Y se alejan.
¿Quienes?
Todos. Todos a quienes dijiste amar.
Y escupís a sus caras. Pero no hay nadie. Nada más vos. Solo. Sentado. Vestido de sombras.
No hay nadie acá. Pero gritás. Gritás mientras te apuñalan por la espalda (decís) Pero no hay nadie acá, sólo vos y tus palabras como puñales. Cortando, rasgando, abren de lado a lado a quienes alguna vez te sostuvieron.
No estás solo. Nada más te hiciste a un lado y cegaste la luz del cuarto, echaste llave a la puerta y perdiste la llave.
No tenés derecho. Ninguno. Deberías callarte, hacerte un ovillo en el rincón más frío del cuarto y esperar a que el olvido llegue.
Pero no. Porque vos sos el olvido. Te instalaste y pudriste tantos lugares. Y lastimaste a tanta gente mientras alzabas tus verdades dentro de un puño.
Verdades de juguete. Un juguete quebrado entre los dedos de un nene caprichoso.
Deberías irte de acá. Extraviarte del mundo. Desaparecer entre tanta palabra vana y discurso florido. Esfumarte entre tanto grito mentiroso, escaparte por la puerta que dejaron abierta tu no saber donde estás parado.
Lastimaste a gente buena y no te diste cuenta.
Vas a decir que no, que las cosas no son así.
Y no me importa lo que me digas. ¿Y si no son así, cómo es la realidad, entonces? ¿Cuál es tu realidad? Porque la de aquellos que estuvieron a tu lado es diferente.
La puerta está cerrada.

Mirando a quienes me miran

un extrano un hombre mundano blogs daniel battiston busquedas googleOK. Llega diciembre y empiezan los insoportables balances de fin de año.
¿Por qué no hacer uno aquí?
Pero haré algo para nada parecido a lo tradicional.
Todo bloger que se precie debe consultar cada tanto sus estadísticas de visitas. Hay algo de egolatría en esto: conocer cuantos nos miran y leen, ¿de dónde vienen, cuáles son las entradas que más se visitaron, durante cuánto tiempo estuvieron dando vueltas por nuestro blog?
Voy a hacer a un lado ese tipo de estadísticas y mirar la cuestión desde otro lado, menos tenido en cuenta (para la mayoría) pero que puede dar alguna sorpresas, por lo extraño, y muchas veces bizarro, de los resultados: ¿a través de que palabras o frases nos encontraron en los buscadores?
Supongo que desde Google llega la mayor parte de las visitas a éste blog, quizás desde algún link.
Pero me interesan los buscadores.

Más allá de las obviedades de encontrarme a través de mi nombre, o de palabras como literatura, cuentos o narrativa, durante el 2011 muchos llegaron a éste blog a través de búsquedas que poco tienen que ver con las intenciones de éste espacio.
A continuación un resumen de lo que más me llamó la atención:

- la deboción (sic) perpetua de lo que un hombre llama su negocio; solo puede sostenerse con el descuido perpetuo de muchas otras cosas”
A decir verdad no soy una persona devota, menos aún por los negocios o el trabajo

- gisela watson
¿Quién es Gisela Watson? La googleo y en segundo lugar aparece mi blog. Ella dejó un comentario y además trabaja en el mundo editorial. Bueno, esto tiene un poco de lógica, ¿no?

- estudio fotografico de martin la hormiga
Además de las palabras, la fotografía es mi otra pasión, pero ¿quien demonios es Martín La Hormiga?

- hombres peludos
Bueno, esto empieza a tomar un cariz poco recomendable, y si bien me hago cargo de mi obsesiones, los hombre peludos no tienen lugar en ellas

- ricardo fort antes de las cirugias
Esto puede ser. Recuerdo haber escrito alguna locura en torno al tal muñequito de torta

- como se perturban las mujeres
WTF????

- hombre sodomizado
Empezamos con los hombres peludos, seguimos con Ricardo Fort y llegamos a esto. ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar?

- videos de sexo anal con la puta de la tifany
Bien, bien, bien. Ahora me quedo un poco más tranquilo

- un poco de locura
No deja de tener cierta lógica. Al fin de cuentas este blog intenta ser literario, y aquí, como en cualquier arte, un poco de locura siempre es bienvenida

- niños psicopatas
Epa! Un poco de locura, dije, un poco nada más, ¿no entienden acaso?

- titan bionico
Sin palabras.
Y con esto cierro

Todo lo anterior es verdadero, sin trampas. Pude rastrearlo ayer en las estadísticas de este blog en WordPress, en la sección Palabras clave para buscadores. Tomé las estadísticas del último año, es decir del 15/12/2010 al 14/12/2011


Los invisibles

Manos abiertas lloviendo hambre, los dedos abrazan calles que sólo saben de despedidas. Las horas se escurren entre los fuegos que crecen en latas a sus pies. Juntan pedacitos de tiempo esperando un tren que ya partió. No pudieron verlo. Las vendas aprietan. Si cayeran, desnudarían pupilas abandonadas.

La noche llega. En un rincón se enroscan tapados con diarios de ayer. Se visten de noticias en blanco y negro y las mujeres imposibles de la contratapa, clavan sus dientes en los hombros duros, se montan. Y los cabalgan como a bestias de pezuñas negras. La noche se cuela en las bocas y debajo de las uñas, que guardan el sabor de media hamburguesa de McDonalds.

No ven. No pueden. Nada más un hacerse ovillo apretado contra la pared. Un dejar que las ideas se retuerzan, y no poder gritarlas. La lengua es un pececito pálido que salta en la boca, se ahoga en el aire tibio de un bostezo, envenenado.

No hay candelabros que iluminen la cena. Solo pensamientos astillados, y el diario, escupiéndole noticias de la semana anterior.

Un montón de cenizas sobre sus cabezas. La voz de los otros apuñala vidas.

Ellos encallan en el puerto de los olvidados.

Estamos esperando que Tomi vuelva de la escuela

ya son las cinco y media y el ómnibus que no llegó, yo no sé todavía no entiendo por qué Pablo no me quiere dejar el coche para que vaya a buscar a Tomi a la escuela. Ahora que empezó primer grado se puso igual que cuando nació Tomi. Ahora no tiene derecho a ser así, ¿cómo no iba a estar mal con lo difícil que fue todo, con Tomi con el respirador artificial y yo que no paraba de sangrar? Pero ya está, ya fue todo eso, y Tomi, mi Tomi, ya empezó la escuela; pero igual una no se olvida; todavía lo veo a mi chiquitito Tomi en la incubadora, y esas cosas que le ponían, y las mangueras en la boca, y él tan chiquitito y blanco pobrecito, pero este año ya empezó la escuela y Pablo que no me quiere dejar el coche para que lo vaya a buscar, y lo tiene que traer el ómnibus porque yo no puedo dejar la casa sola, no puedo. Pablo que vive en su oficina y la casa tan grande que siempre la veo desordenada, y Tomi tan revoltoso que siempre anda desordenando todo le que termino de acomodar. Tan lleno de vida mi Tomi. No como el padre. Pero Pablo no era así, no, parece que se fue muriendo después que nació Tomi. Un poco después se le pasó, pero desde que Tomi empezó la escuela él volvió a ponerse así, mal, hasta me dijo de empezar otra vez terapia. Pero no sé si es para tanto, ya se le va a pasar, se debe sentir un poco viejo, ahora que nuestro Tomi empezó la escuela

Martina vuelve a mirar por la ventana de la cocina, aquella tan pequeña como sus ojos miopes, la que da al jardín, espera a que el transporte naranja se detenga frente a la casa, mientras el café con leche y las galletitas esperan sobre el mantel a cuadros rojos y blancos, el tablero donde el juego sin palabras de cada tarde sigue reglas propias. Martina se sienta contra el borde de la mesada, apoya las palmas contra el canto y aprieta, aprieta hasta que las manos blancas se vuelven más pálidas. Cierra los ojos, los refriega con el revés de una mano, y no entiende por qué Tomi no llegó todavía. Le cuesta ver la cocina, los muebles se vuelven tenues, la taza sobre el plato sobre el mantel a cuadros, el plato de un blanco perfecto donde descansan ocho galletitas dulces alineadas a intervalos regulares, como las víctimas de una catástrofe, todo en la cocina es correcto. A su izquierda el reloj marca las diecisiete y cuarenta

yo no sé qué le pasa, y no es la primera vez que se atrasa, no. Ya pasó esto, y cuando quise llamar para quejarme Pablo me dijo que mejor no, que estas cosas pasaban. Sí, pasan, ya se, pero también pasan otras cosas y no quiero que a mi Tomi le pase nada. Se le va a enfriar la merienda y el café con leche siempre le gustó tomarlo bien caliente más ahora, en invierno y con este frío. Yo no entiendo a esta escuela, les hacen usar esa uniforme tan livianito que no sé cómo no se enferman los chicos. Pero igual a mi Tomi no le va a pasar nada, no es como el nene de Mara, se ve tan enfermito, pobre. Mi Tomi siempre fue fuerte, más con las que tuvimos que pasar. Ahí, sí, ahí llegó. Hola Marti, Pablo la abraza pero ella se muestra tan lejana. Estoy esperando a que Tomi vuelva de la escuela. Me mira raro, siempre que hablo de Tomi me mira así, y sí, debe ser que se siente viejo ya que el hijo empezó la escuela o seguro que son celos; una idiotez que esté celoso de mi Tomi. Qué raro se siente que me abrace otra vez, ¿cuanto hace que no me da un beso? ¿y nada más que esto? un besito de novio en la comisura, ¿cuándo vas a volver a besarme de verdad? ya son casi las seis y la combi que no llega, ¿te olvidaste de besarme de verdad? Martina hace la cara a un lado para mirar el reloj; Pablo se sienta frente a la taza y las galletitas, toma una desalineando las otras siete con el canto de la mano. Martina se limpia la comisura. Siempre hace lo mismo, ¿por que no agarra sus galletitas en lugar de comerse las de Tomi? encima las desacomodó lo hace a propósito, son las seis y cinco ya. ¿Te caliento café? Gracias Martina, como un par de galletitas, me pego una ducha y sigo, tengo diez millones de cosas para hacer, tengo que tener todo listo para mañana. Desde que nació Tomi que no hace más que encerrarse, no más viajes, no más sexo. Sí, sexo sí, pero cada tanto. Se comió tres, como siempre, hasta en eso se repite. Ahí sí, sí, es la combi, por fin. No, pará Martina, primero acomodá las galletitas, ocho como le gusta a Tomi, y volvé a calentar la leche y el café. Hola mi vida, ¿que pasó que tardaste tanto? Vení, dejá las cosas acá y andá a lavarte las manos, ¿cómo que te hicieron quedar después de hora? No, Tomi, no, ¿cuántas veces te dijimos con papá que esas cosas no se tienen que hacer? Andá a lavarte las manos que tenés que merendar y hacer los deberes. Cierra la puerta con un golpe seco, la casa tiembla, se sacude, y Pablo sabe que ella volverá a acomodar las ocho galletitas dulces en el plato, calentará la leche y el café, y luego cubrirá la mesa de la cocina con libros y cuadernos hasta la hora de la cena. Me encanta la letra que hacés Tomi, igualita a la que yo tenía cuando era chiquitita como vos, no, igual no, la tuya es más linda y más prolija, ¿cómo es eso que te hicieron quedar después de hora? Hace a un lado los cuadernos y los lápices, coloca el azul a su izquierda, el negro paralelo al borde superior del cuaderno y el resto a la derecha, paralelos, a un centímetro uno del otro ¿le voy a tener que pedir a tu padre que hable con vos? No sé qué le pasa a Pablo cada vez que le digo que hable con Tomi se pone mal no quiere aceptar que el chico a veces hace de las suyas, no quiere hablar con él y no es así la cosa un chico necesita que el padre esté presente. Nunca le habla no comparten lo que tienen que compartir, prefiere abrazarme y darme un beso todo eso delante de Tomi y no sé si eso es bueno para él cada vez se está portando peor en la escuela parece que al padre no le importa nada ¿cuáles son las cuentas que tenés que hacer para mañana? Mami te ayuda pero no te las voy a hacer yo ¿sí? si no nunca vas a aprender a hacer cuentas tengo cuatro manzanas y le convido una a mi amigo y me como otra yo no Tomi primero tenemos que comer la cena la fruta es para después si no no comés nada mami te va hacer la sopa de verduras que tanto te gusta ¿sí? pero primero vamos a terminar las cuentas y la fruta es para después de comer ¿Falta mucho? Pablo parece escapado de una noche de insomnio: los ojos que esperan el sueño que no llega, los párpados encadenados a la cárcel de la noche. Se pasa una mano por la cara para espantar a los fantasmas colgados de su rostro, aquellos que trepan por las mejillas siempre afeitadas y se cuelan a través de un rincón de la boca y los ojos que no descansan. Martina no lo escucha, extraviada en las tareas de la escuela y palabras de aliento, explicaciones tejidas con susurros y guardar los útiles en la cajonera del comedor. Deja el cuaderno y los lápices en orden, los de colores formando un arco iris enfermo, los más claros a la izquierda hasta llegar al gris topo a la derecha, acomoda papeles sueltos y fotos en blanco y negro de cuando usó la fotografía como una puerta que también se cerró sin remedio. Cierra el cajón sin ruido, como si acariciara a un amante imposible, y extravía su mirada en las fotos sobre el mueble: un chico rubio con una pelota, saltando sobre una pileta de natación, otro en brazos de una mujer morocha, un chico rubio andando en bicicleta por un sendero a través de un bosque de pinos, fotos de colores chillones, fotos mal recortadas, una vela roja apagada, otras dos negras que se consumen dejando un rastro de cera entre los portarretratos. Martina toma una caja de fósforos oculta tras las fotos y enciende la roja ¿Qué hacés? A Tomi le gusta, él no entiende él no sabe nunca supo como si no le importara siempre es lo mismo no le interesa lo que Tomi quiere lo que a Tomi le gusta, a Tomi le gustan las velas sobre todo las negras, me contó una vez que el olor de la cera derretida le hace acordar al de la plastilina del jardín, ya estoy ya termino y preparo la sopa de verdura esa que tanto le gusta a Tomi con calabaza puerro zapallitos ¿vos también tomás sopa o te hago un churrasco? no me dice nada, nunca me dice nada no entiende que hace seis años que no estamos solos, que Tomi es su hijo no lo quiere nunca lo quiso,.La cocina es un concierto de ollas y agua hirviendo, malabares de cuchillos picando la verdura para la sopa; Pablo enciende el televisor, un desfile de canales, sonidos y colores chillones lo atacan mientras Martina se ahoga entre calabazas, papas y especias. Deja que el agua hierva y comienza a tender la mesa, tres platos, las servilletas blancas sobre ellos, la cuchara y el cuchillo a la derecha del plato, el tenedor a la izquierda, los vasos alineados, el vino, una botella de gaseosa; Pablo juega con el cuchillo, lo hace dar vueltas entre los dedos mientras se extravía en alguien que le habla desde el televisor sobre un asalto en Lugano y un chico muerto; el cuchillo se le escapa y golpea contra el canto del plato, siempre hace lo mismo, sabe cuanto me molesta, ya hace rato que lo vengo notando cada vez que hago algo para Tomi está celoso, a veces pienso que le gustaría verlo muerto, pero no, es el hijo, nunca pensaría en eso Pablo, pero ya van varias veces que me dice de irnos los dos de viaje aunque sea un par de semanas y no me entiende que no puedo dejar solo a Tomi quién lo va cuidar si no soy yo, y él que me mira raro cuando le digo y ya no me vuelve a insistir pero después de un par de días de vuelta con el mismo tema ¿está bien así de sopa Tomi? qué hermoso y qué grande que está ya ¿nada más que esto vas a comer? No deja de golpear el cuchillo contra el plato se dio cuenta que lo estoy mirando que me molesta y se sirve un poco de vino siempre hace lo mismo cuando se da cuenta que hace algo que está mal ¿tan poquito vas a comer mi amor? para Pablo el churrasco casi crudo como a él le gusta y eso que me cansé de decirle ¿por qué no comés más sano? tanta carne medio cruda le termina envenenado el cuerpo y la mente pero él no me hace caso siempre tan poca verdura come pero por lo menos le gusta la fruta en eso es sano pero igual se nota lo enfermo que está por la mala comida tanta proteína y carnes rojas te envenenan el cuerpo, por nada va una vez a la semana a terapia siempre me pide que lo acompañe que si no voy con él no va pero hablan y hablan y hablan y parece que lo hacen conmigo pero él es el celoso enfermo de Tomi si hasta parece que imagina cosas extrañas entre Tomi y yo.

Pablo se recuesta contra la silla, los ojos muertos: un Atlas senil y derrotado incapaz de sostener el mundo. Martina habla entre dientes, muy lento, marcando las palabras, el cuerpo lanzado hacia adelante, sobre la mesa, hacia la silla frente a ella. Mira a su esposo, un poco más extraño cada día, y le dice algo que él no comprende o no llega a escuchar, y dice que no con la cabeza y un buenas noches. Debería darle un beso, piensa, pero no, ella continúa allí apoyando los codos en la mesa y hablando a la nada que es ese mundo tan pesado como la noche y el río de palabras que los abraza, royéndoles la carne hasta el hueso, y otra noche más como hace seis años Martina dormirá en una cama vacía, en el dormitorio que nunca fue de Tomi.

 

Teorema K sobre las mutaciones ideológicas

El autor de éste blog agradece la colaboración desinteresada
de Rafael Casals Braquè, Comandante del FTNR, para la publicación de
la presente entrada.

Considerado desde la visión ideológica Kirchnerista, el hecho que una persona, adopte con el tiempo una mirada diferente de la realidad desde el punto de vista de sus concepciones ideológicas, existen dos y sólo dos posibilidades de explicar dicha mutación en el campo de las ideas:

El militante K se muestra crítico con la concepción Nac&Pop de la realidad política y social.
Entonces es un traidor.

Un militante radical, socialista, UCDista, independiente o trotskista se transforma de modo inmediato, del mismo modo que el agua líquida se torna en hielo, en un defensor acérrimo de la filosofía Nac&Pop.
Entonces, es lógico que el sujeto en cuestión haya transformado su modo de pensar y ver al mundo, ya que las ideas no son un ente estático, anquilosado; muy por el contrario tanto el hombre político y sus concepciones de la realidad evolucionan de modo permanente y existe una lógica inmanente en el cambio evolutivo perpetuo de las ideas que movilizan al mundo. La realidad social avanza de modo inexorable, y de la misma forma, lo hacen los hombres libres de ataduras en pos de abrir su intelecto voraz de nuevas experiencias ante una sociedad que clama por justicia y amor. El hombre nuevo, aquel capaz de expandir su mente hacia el prójimo teniendo como meta el amor y la confraternidad hacia el despojado, es quien será capaz de hacer a un lado el tropel de mentiras con que han llenado su cabeza tantos años de bombardeo mediático, ataque sistemático de las grandes corporaciones monopólicas cuyo único y vital objetivo es minar la confianza del hombre en su patria. Pero no, dado que el hombre político logra trascender tales vallas ideológicas, es que su concepción del mundo se eleva por sobre la masa insomne al tiempo que él mismo, en cuerpo y visión, también lo hace. Entonces habrá llegado la hora lógica en que él hará a un lado las falaces opciones donde imperan la traición y la miseria, para abrazar la más bella y noble de las causas que un hombre político pueda abrazar: la idea Nacional y Popular de un mundo mas justo para todos.

Perlas negras 66

Theodore Sturgeon, 1918 – 1985theodore sturgeon perlas negras escritores literatura ficcion narrativa libros cuentos novelas narraciones

¿Qué es un escritor? ¿Qué elementos crean esa subespecie? Los enumeraré:

Respeto por el oficio. Una manera de expresarlo es decir que la pluma es más fuerte que la espada; y la extrapolación adecuada de eso, en estos tiempos nucleares, es que es más fuerte que la bomba. Es, en verdad, el arma final; y el escritor, consciente de ello, escribe con respeto.

Algo que decir. Eso es lo que hace el escritor con lo que tiene, y cuanto más respeta lo que tiene, más significativo es lo que hace.

Empatía. Algunos dicen que el escritor debe interesarse por la gente. Algunos van más lejos y dicen que debe amar a la gente. Pero un escritor tiene que ver por los ojos de otras personas, y sentir con las puntas de dedos ajenos.

Humildad. Una forma de expresar esto es decir todavía no está terminado, en el sentido que todo lo vivo es mutable hasta la última fibra; cambia, crece, y así la obra de un escritor adquiere las cualidades de la vida: no es un producto recogido y entregado bien fresco y mas vale que te lo comas antes de que se pudra, si no algo ante todo capaz de vivir como vives tú, de crecer como creces tú, de darte frutos de visión y percepción acordes con la fertilidad de tu suelo.

Por último, si el escritor va a escribir ficción, debe adquirir las técnicas de la ficción, la seguridad más profunda de que una historia sobre una idea o una cosa puede ser un folleto, o un artículo, o una anécdota, pero a menos que sea sobre personas, no es ficción.

Sala de espera

Estoy sentado acá, en la sala de espera, frente a la puerta, aquella por la cual escapaste como una Alicia demente tras el espejo. Estoy sentado acá, con el asco lamiéndome las heridas y una vieja a mi lado desangrándose en lamentos mientras aguarda a que los médicos vengan por ella. La vieja se aferra a mi brazo, clava los dedos, ramas secas, se hunde en mí, se sostiene en mí. Más allá, junto a la puerta, espejo ciego, cielo rasgado, una nena juega con su muñeca, tan rubia, tan de ojos celestes; la sacude, le habla al oído y clava sus dientes en el cuello.

De una pared un Cristo borracho se descuelga y camina hacia donde espero. Mira a la vieja, esos ojos cansados le apuñalan los pechos muertos, se quita la corona y la calza en la cabeza de la mujer que ya no gime, abre y cierra la boca en silencio mostrándome los dientes sucios y la lengua, un pequeño pez rojo. Cristo se desnuda ante mí, de piel, de carne y me ofrece sus huesos tan blancos, tan mudos. Me invita a seguirlo, señala la puerta. Intento ponerme de pie, pero la vieja me lo impide, se toma de mí, me abraza, sacude la cabeza ornada de sangre negra. El Cristo desnudo la empuja, pero ella me abraza y dice que no, que no debería irme de allí. El hombre señala hacia la puerta, me toma de una mano y señala hacia la puerta por la cual escapaste. La vieja, el rostro consumido por los años, surcado por la sangre que corre desde la frente, me pide que me quede a su lado. El Cristo la empuja y ella me suelta. Él me lleva, un paso, dos, cinco, hasta la puerta junto a la cual la niña acuna a su muñeca muerta, el rostro dulcificado por esa muerte repentina.

Tras la puerta ella me espera tal como la imaginaba, boca arriba sobre la cama, los ojos abiertos mirando la nada, cables y tubos rasgando su cuerpo, una violación definitiva y silente. Me siento a su lado, observarla es como hojear un libro escrito en un alfabeto que desconozco. La nena ahora está a mi lado y me toma de la mano, clava sus ojos enormes y azules en los míos y luego mira aquel recuerdo que late entre las sábanas, en su otra mano todavía sostiene a la muñeca sin cabeza, vuelve a mirarme y la suelta. Ahora busca algo entre los bolsillos del pantalón. Cristo camina por el cuarto sin un sentido aparente, parece haber perdido sus sueños. Cuando la nena saca su mano del bolsillo y extiende el puño hacia mí, Cristo escapa por la ventana.

La niña abre la mano y en la palma descansan los ojos de la muñeca, son dos botones redondos y negros. Los deja sobre mi pierna y se va.